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El calor es sofocante, las gotas de sudor
resbalan por nuestras frentes mientras atravesamos la nueva terminal que a modo
de estructura fronteriza oficial Israel ha construido en Erez. El
punto de paso resulta paradójico, casi esperpéntico, un edificio de dimensiones
faraónicas que solo recibe a unas decenas de personas al día. Frialdad en su
arquitectura, controles de seguridad, pasillos, tornos rotatorios, preguntas y
más preguntas.
Pero estamos felices, hemos conseguido la
coordinación necesaria con Israel a través del consulado español, tras
reiteradas peticiones y ahora, por fin: estamos en Gaza.
Lo primero que me sorprende al entrar,
comparándolo con los años pasados, es la menor presencia de hombres armados por las calles y
una extraña, pero significativa calma que lo inunda todo. En otras ocasiones,
la primera sensación al adentrarme en la Franja, era como de tensión en el
ambiente, de calma tirante, sin embargo este año no he tenido esa sensación.
Las noticias que incansablemente llenan
nuestros medios de comunicación con respecto a Gaza hablan de inseguridad,
inestabilidad, peligro, sin embargo las sensaciones que tuve al entrar
disiparon el desasosiego con el que entraba por lo incierto de la
situación y las constantes recomendaciones de nuestras instituciones
e incluso de nuestras contrapartes en Cisjordania para que no fuéramos a
Gaza por temor a que algo nos sucediera.
Me resulta, cuanto menos peculiar, que el
año pasado estuviéramos en Gaza bajo constantes bombardeos israelíes y no
recibiéramos ni la quinta parte de advertencias de peligro que estos
días, en los que como hemos podido comprobar, la situación lejos de ser de
peligro o de inestabilidad es de tranquilidad total y absoluta.
Parece que el objetivo es evidente,
focalizar y magnificar una situación de confrontación interna, para desviar la
atención del verdadero problema: la ocupación israelí.
Desde que Hamas se hizo con el control de
la Franja, de forma totalmente inapropiada y denunciable, pero como
respuesta a la constante provocación de gente relacionada con Fatah interesada
en crear el caos interno, la seguridad se respira en las calles de Gaza.
Se ha prohibido a las diferentes milicias
que vayan armadas y enmascaradas por la calle, se han eliminado todos los
controles militares en el interior de la Franja, no se permiten los disparos al
aire en las bodas que a menudo causaban muertos por la mala utilización de las
armas, los lideres de los grandes clanes han sido forzados a elegir entre
quedarse con las armas y luchar contra la ocupación o ser encarcelados y
se han sellado acuerdos de no agresión entre familias rivales. Parece un
cuento de hadas, pero la información la recibimos de una de nuestras
contrapartes, de una de las personas que me merece mas respeto por su
trayectoria política, social y humana, el director del centro de Derechos
Humanos de Gaza, Raji Sourani, por lo tanto le doy peso y credibilidad.
Por si eso no fuera poco, la mera
observación en las calles y los contactos y conversaciones con la gente te
confirman esa realidad, tan extraña, como necesaria. El director del hospital
Al Awda, nos comentaba esta mañana, como ejemplo de esa normalidad y sensación
de seguridad que se vive en Gaza que por primera vez desde hace muchos años, había
estado la noche anterior hasta la una de la mañana en la playa con su familia y
después habían vuelto paseando hasta casa. La gente se siente mas segura, en
las calles hay hombres armados que por parejas velan por la
seguridad, a diferencia de los grandes grupos de hombres hasta el año
pasado encontrábamos en algunas esquinas de las ciudades, sobre todo de ciudad
de Gaza, mostrando sus armas en actitud desafiante y chulesca.
A medida que vamos recorriendo los
escasos 365 Km2 de la Franja otra de las escenas que llama poderosamente la atención
es la inactividad, personas en las puertas de sus comercios, de sus pequeños
talleres con las manos sobre el regazo, mirando al infinito o charlando con otras
personas. Excepto los mercados en las calles no se percibe apenas movimiento de
mercancías, de compras, de trabajo y es que el embargo que los países
occidentales aplicaron al pueblo palestino tras el proceso democrático
de 2006 y que persiste en la Franja, ha aumentado y agudizado la terrible
crisis humanitaria y socioeconómica que asolaba Gaza desde el plan de desconexión
de Sharon en 2005, con la conversión de la Franja en una gran cárcel a cielo
abierto.
La tasa de paro es superior al 75% y mas
del 80% de la población vive por debajo del umbral de la pobreza, con menos de
dos dólares por día, la tasa de malnutrición, la anemia, las alteraciones
gastrointestinales, las enfermedades por alteraciones de la inmunidad debido a
la mala alimentación y al stress están disparadas, los casos de cáncer son cada
vez mayores y a parecen en gente mas joven, incluso los ataques al corazos
empiezan a afectar a personas entre veinte y treinta años, personas
sometidas a unas carencias terribles, con un stress traumático y postraumático
terrible y cuyas esperanzas, aun manteniéndose van disminuyendo a medida que el
tiempo pasa y la situación, tan solo empeora.
Raed, nuestro taxista en esta visita, es
un claro ejemplo que puede ayudar a entender mis palabras. Solo conocerle tras
atravesar el control militar de Erez, se nos muestra feliz, alegre
y dispuesto a todo (como son, la verdad, la mayoría de taxistas en Gaza),
sin embargo a medida que vamos pasando tiempo con el y vamos teniendo mas
confianza y hablando de temas mas personales, su tragedia empieza a aparecer,
su dolor por momentos asoma a sus ojos, disipando su sonrisa pizpireta y
cambiando su porte alegre y vital, que resulta ser, no una mascara, pero si un
salvavidas que le permite seguir el día a día, intentado olvidar lo
inolvidable.
El ocho de noviembre de 2006 el ejército
israelí lanzo un ataque sobre Beit Hanoun, una ciudad del noreste de la Franja
de Gaza. 19 personas, la mayoría mujeres y niños fueron asesinados, de ellos 13
pertenecían a la misma familia, la familia Al Qafarna, la familia de Raed,
nuestro taxista.
Entre los asesinados: su padre, su
hermano, 3 hijos de su hermano, 2 hijas, una de seis meses y otra de dos años,
su cuñada…
Tantas y tantas heridas imposibles de
cicatrizar, imposibles de curar, imposibles de perdonar, imposibles de superar.
Raed, lo intenta día a día y trabaja
incansablemente para poder alimentar todos los días a sus cinco hijos y a su
mujer. Raed, como el resto de los habitantes de Gaza, sobreviven, disfrazando
con sonrisas, tan verdaderas como necesarias, unas terribles historias
personales que nosotras, en la comodidad y asepsia de nuestras egoístas vidas
occidentales, somos incapaces tan solo de imaginar.
Otra de las cosas, que si bien no es
novedad si me sigue partiendo el alma, es la tristeza en los ojos de
muchos niños y niñas sobre todo de las zonas mas castigadas,
que principalmente si están solos cuando aparecemos, nos miran entre
desconfiados y temerosos cuando no aterrorizados, y es que muchos de ellos lo
mas parecido a nosotros que han visto en su vida es un soldado israelí y el
recuerdo que les traemos es sencilla y comprensiblemente terrible.
Ayer por la tarde vistamos la terminal de
Rafah, en donde esta teniendo lugar una tragedia humanitaria, sin que nadie
haga absolutamente nada a pesar de existir bastantes informes de diferentes
organizaciones internacionales, denunciando la situación.
Debido al cierre que Israel impone en el
paso fronterizo, unas 6.000 personas se encuentran retenidas en la parte
egipcia, unas 30 ya han fallecido. El paso esta cerrado desde hace dos meses y
como Israel no da la menor información sobre la apertura o no de la verja, la
gente no puede moverse porque corren el peligro de marcharse y que en ese mismo
momento Israel permita el paso durante unas horas, así que se encuentran
hacinadas, bajo un sol de mas de 40 grados, con un banyo para todo mundo, sin
alimentos, ni bebidas, sin dinero, sin información, sin ningún tipo de ayuda,
abandonadas a su suerte.
En el lado palestino de la terminal
estuvimos con el jefe de seguridad, perteneciente a Hamas, quien después de
mostrarnos las instalaciones, nos invito a un te. Fue un momento de lo mas
agradable, tras el accidentado viaje por las bombardeadas carreteras
palestinas, aguantando un calor extenuante agradecimos un momento de
relax. En un abrir y cerrar de ojos, varios soldados sacaron unas filas de
asientos del interior de la terminal y las dispusieron debajo de unas palmeras
sobre una zona de césped, al momento trajeron el te. Nos sentamos y comenzamos
a charlar animadamente sobre la situación actual. Como muchos gazauies, no
entiende porque tienen que ser castigados sencillamente por haber llevado a
cabo una elección democrática y repetidamente con una sonrisa afable en los
labios nos pregunta si le vemos pinta de terrorista.
La verdad es que no se cual es la
"pinta de terrorista", supongo que la del imaginario occidental ha
pasado de ser la de un ruso comunista a la de un árabe musulmán, sin embargo a
mi, al pensar en "la pinta terrorista" solo me viene a la cabeza la
imagen de hombres engominados debatiendo sobre el mercado de valores, la
productividad, los beneficios y los planes de ajuste estructural.
La pinta del jefe de seguridad es la de
un joven arreglado, inteligente, deportista y activo y si como dice la
legalidad internacional, terrorismo es crear terror en poblaciones civiles no
combatientes, pues parece que el, además, con su actividad
no practica el terrorismo, ya que solo defiende
un paso fronterizo del ejercito de ocupación israelí que
habitualmente sí practica el terror sobre poblaciones civiles indefensas y no
combatientes, es decir ellos si que son, de hecho, fuerzas terroristas de ocupación.
También visitamos la terminal del
aeropuerto totalmente destruida desde que en diciembre de 2001 el
ejercito israelí arraso con “bulldozers” los 3008 metros de longitud de la
pista de aterrizaje, destruyendo además todas las infraestructuras de unas
terminales de estética árabe, realmente bonitas.
Hasta 2001 se habían llevado a cabo algunos
vuelos de prueba con Turquía, con Egipto y también se había recibido
a diferentes personalidades, entre ellos al primer presidente no árabe,
Aznar. El motivo de este viaje llevado a cabo el 21 de julio de 1999, fue que
el gobierno español, a través de la cooperación española y como consecuencia de
diferentes acuerdos firmados en el periodo de la conferencia de Madrid y los
acuerdos de Oslo, dono 25 de los 37 millones de dólares que costo el proyecto.
Tras la brutal destrucción, el entonces gobierno del PP no pidió, no ya
una indemnización, que hubiera sido lo normal, sino tan siquiera una explicación.
Actualmente el gobierno del PSOE, sigue sin pedir ningún tipo de compensación a
Israel por la destrucción cometida sobre unas infraestructuras pagadas con dinero
español, cuando es no solo su deber, sino también su obligación.
Israel, por su parte aprendió la lección:
impunidad total para sus actos, libertad para seguir cometiendo todo tipo de crímenes
de lesa humanidad, nada les afecta, nada les puede, están por encima de la Ley.
De todas y cada una de nosotras, de las personas que
creemos en la justicia social, de las personas que creemos que otro mundo es
realmente posible y necesario, es la responsabilidad de intentar cambiar esta situación.
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