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La frontera, Azmi Bishara y el derecho a la rebeldía Print E-mail
Written by Michael Warschawski (AIC)   
Tuesday, 22 May 2007
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Azmi Bishara
Former MK Azmi Bishara
Hace seis años escribí un libro titulado En la Frontera, en el que traté de reflejar la peculiar manera en la que el estado israelí y su ideología tratan el fenómeno de las fronteras. Recientemente, tuve varias oportunidades para confirmar algunas de estas reflexiones, especialmente las relativas al carácter móvil de las fronteras.

Hace unos días, me fui de vacaciones con algunos amigos al norte de Galilea. Mientras andábamos hacia la frontera con el Líbano, mi amigo Salman, uno de los líderes de la población Siria en los ocupados Altos del Golán, me mostró diferentes piedras que actuaban como frontera y una barrera bastante vieja: “aquí está la frontera internacional, pero, como puedes ver, Israel ha extendido su control hacia el territorio libanés, unas cuantas yardas al norte, en un movimiento gradual que ha borrado la verdadera frontera internacional”.


 

Bishara es también una cuestión de fronteras: la frontera de la ley. A lo largo de los años, el brillante y valiente, así como anterior, miembro del Parlamento, ha ido probando lo lejos que le está permitido llegar en términos de iniciativas políticas, especialmente cuando todavía podía hacer uso de la inmunidad parlamentaria.

Debido a sus actividades políticas, Bishara, fue atacado repetidas veces por diputados derechistas, que sistemáticamente pidieron que fuese acusado criminalmente por mantener contactos con el enemigo, entrada ilegal a países árabes y otras ofensas. La respuesta usual del Fiscal General era que, aunque las acciones de Bishara herían los sentimientos del israelí común, estas quedaban dentro de las fronteras de la ley.

 

Pero, las fronteras de la ley son móviles también, y debido a la Guerra –sobre todo a sus resultados vergonzosos- esta frontera se movió hacia atrás. Así, un día, Azmi Bishara se encontró penalizado por acciones que tan solo un año antes habían sido declaradas “no criminales” por el Fiscal General. Lo mismo ocurrió hace tres años con Tali Fahima y sus encuentros con activistas palestinos en Jenín. Lo mismo ocurrió también hace veinte años con el Centro Alternativo de Información y su asociación con organizaciones palestinas en los territorios ocupados, una colaboración tolerada durante tres años, y de repente declarada ilegal en 1987.

 

Esta movilidad en las fronteras de la ley obliga a que todos y cada uno de nosotros decidamos si nos quedaremos lejos de esa frontera, para no meternos en problemas si se echa hacia atrás. Por lo que a mí respecta, yo ya di mi respuesta en el juicio contra el Centro de Información Alternativa: “… Niego distanciarme de la frontera y quedarme dentro de los confines de una confortable legalidad. Siento respeto por los que prefieren desistir porque no están del todo seguros de lo que es permisible y lo que no. Mis jueces me reprochan el que me haya acercado demasiado a la frontera. Lo siento, pero ahí es donde he decidido defender y expandir nuestras libertades”.

 

Todos debemos tomar otra decisión, todavía más difícil: cuando las fronteras de la ley se mueven hacia atrás y deslegitiman opiniones y actos políticos, ¿debemos respetar esa ley? Hacer esta pregunta es, de hecho, contestarla. Un régimen que deslegitima opiniones y actos políticos, que en el pasado eran considerados legítimos, pierde aunque solo sea parcialmente, su naturaleza democrática. Así, obliga al ciudadano a rebelarse y desafiar la ley no democrática.

 

La democracia es un contrato entre un régimen y sus ciudadanos. Cuando el primero viola el contrato, el ciudadano libre tiene el derecho, y hasta la obligación, de rebelarse.

* El libro En la Frontera de Michael Warschawski fue publicado por la editorial Gedisa en el 2004.

 


 
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