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Las Guerras Civiles que nadie quiere pero que todo el mundo crea Print E-mail
Written by Nahla al-Shahal   
Saturday, 03 March 2007
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Ayer (como cada día) fueron asesinadas en Baghdad  más de 100 personas en un solo incidente. Esta vez ocurrió en al-Sidriya, uno de los barrios más devastados. Otras cien personas fueron asesinadas en al-Hila, mientras que muchas otras lo han sido por todo el territorio de Iraq.

Hace varios días el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los refugiados lanzó una de sus más contundentes llamadas, enviando un mensaje de alerta sobre las oleadas de personas que están abandonando Iraq en un número sin precedentes: literalmente, varios millones de personas han dejado Iraq desde la invasión y ocupación americanas y especialmente desde el estallido de la violencia interna, en la que cientos de personas son asesinadas a diario. ¡Estamos de nuevo en el primer párrafo!.

En Gaza, en Beirut, en...

Yasser Arafat repetía una y otra vez que el derramamiento de sangre palestina era una línea roja y el Jeque Ahmad Yassin[1] estaba de acuerdo en esto. Descansen ambos en paz.

Posteriormente, Alí al´Sistani, la más alta autoridad chíi afirmó que los chíitas no responderían a las atrocidades cometidas por al-Qaeda en Iraq “incluso si todos ellos fueran a ser exterminados” ¡puesto que la lucha interna era una línea roja!.  

En el Líbano, no hay ningún partido que no haya declarado su total oposición a una posible deriva hacia la guerra civil. Por ejemplo, un partido emite una fatwa[2] prohibiendo las luchas internas, mientras que otro emite un decreto y al mismo tiempo todos ellos se acusan entre sí de ser los causantes de la tensión actual.

Entonces, ¿cómo siguen estallando estas guerras civiles que nadie parece querer?

Tenemos, por supuesto, las siniestras políticas llevadas a cabo por los Estados Unidos en la región, que si bien no atizan intencionadamente estas guerras civiles –es decir, no las planean de hecho, aunque por otro lado no es completamente seguro que no sea así- terminan generándolas como resultado de la interacción entre sus métodos administrativos y de su indiferencia hacia los resultados de los mismos.

Dos investigadores universitarios británicos afirmaban en un reciente libro titulado Iraq en fragmentos: La Ocupación y su Legado, que la oportunidad de construir un estado en Iraq había sido saboteada más por la tendencia del gobierno de los EEUU a controlar este proceso, que por las debilidades preexistentes en la estructura socio-política iraquí. Los autores sostienen que la contradicción fundamental se encuentra entre la aspiración a hacer de Iraq un modelo alegada por Estados Unidos, que supuestamente sería tanto el mayor reto como la meta estratégica para los estadounidenses; y su actual énfasis en conseguir este control en un sentido más directo y básico del término, resolviéndose siempre dicha contradicción a favor del mantenimiento del control. Por lo tanto, el interés primordial de los EEUU fue determinar qué cooperación podría producirse entre los diferentes sectores de la sociedad iraquí y controlar la contribución de cada uno al “proyecto de construcción del estado” de tal modo que ningún partido pudiera representar nunca una amenaza para el control estadounidense. El estudio ilustra los métodos desarrollados por los estadounidenses  para administrar dicho control, y que provocaron diversas rivalidades entre distintas facciones profundizando el conflicto entre los poderes centrales y locales. Se crearon instituciones para luego limitar el papel que deberían jugar. Se empujaron a partidos y tribus a enfrentamientos entre unos y otros. Y los mismos resultados podrían producirse, con variaciones locales, tanto en Palestina como en Líbano.

Pero, ¿es esto suficiente para explicar la facilidad con la que contiendas civiles violentas pueden estallar hoy en día en cualquier lugar del Mundo Árabe?  

Sería arbitrario, ridículo y artificioso no tener en cuenta otro elemento que ha facilitado este comportamiento estadounidense: la ruptura interna en las sociedades Árabes nunca había alcanzado el punto en el que se encuentra hoy en día. Se parece más a un esqueleto, desprovisto de sus vestimentas, manteniéndose en pié frágilmente ante un huracán. Las primeras señales de esta desintegración extensiva se reflejan tanto en la naturaleza como en los métodos de oposición. Las poco cohesionadas resistencias producidas por estas sociedades se parecen más a grupos de socorro que a redes de trabajo organizadas. En Palestina, las organizaciones de mujeres hicieron un llamamiento para formar una cadena humana en protesta por las luchas internas, y con la esperanza de impedirlas, mientras la mayoría de la gente condenan los enfrentamientos causados por el conflicto entre al Fatal y Hamas. En el Líbano, parece ser que las peligrosas ramificaciones que surgieron de la chispa de enfrentamiento encendida en la Universidad  Árabe de Beirut sorprendieron realmente a parte del liderazgo. Lo cual no debería ser motivo de alegría por lo que implica de falta de un asesoramiento adecuado sobre la situación. Es decir, este miedo a un estallido no calculado de violencia parece haber empujado a todo el mundo a acallar el sonido de los tambores de guerra que resuenan actualmente. Adicionalmente se lanzó una campaña de recogida de firmas destinada a conseguir el máximo nivel de inclusión y variedad posible. Esta campaña fue iniciada por un grupo de jóvenes, con la esperanza de crear un organismo no violento y no sectario que pudiera insertarse dentro de los mecanismos existentes o incluso situarse por encima de ellos. Dicho organismo pretendería representar a una voz única que quizá podría parar esta espiral catastrófica. Esta iniciativa, por muy necesaria que sea, está aún flotando en la periferia social.

La señal más llamativa de la extensión de esta fragilidad interna de las sociedades Árabes queda reflejada en el abandono de cualquier búsqueda de soluciones a estas situaciones explosivas, confiando en su lugar en iniciativas externas. Hay negociaciones directas y públicas a nivel internacional sobre el Líbano cristalizadas en el intenso flujo actual de maniobras diplomáticas para reconducir la actual situación libanesa. Se está andando un camino paralelo en la región en el marco de las negociaciones Irano-Saudíes, en el que se están buscando posibles fórmulas si no para una solución, al menos para una tregua en Líbano. A veces este abandono se presenta bajo la forma de un trueque o de una apuesta que domina todo lo demás. Esto es exactamente lo que ocurrió tras la convención de Paris 3, apoyado por el discurso del presidente Bush en el que atacaba a Hezbollah, Siria e Irán, alardeando sobre las sumas de dinero que los EEUU han destinado al Líbano. Esto parecía ir expresamente dirigido al Presidente Siniora.  

Ni los esfuerzos internacionales ni el marco regional son el problema, pese a la implicaciones que ambos traen consigo, y que deben ser evaluadas y modificadas. El problema realmente reside en la falta de capacidad de las fuerzas locales –que están directamente implicadas, ya sea en terminus de su potencial para desarrollar sus propias soluciones o incluso para temas más básicos- de jugar ese papel..

El material para “volver a vestir” a estos esqueletos de sociedades son los proyectos que adoptan, que reflejan las imágenes que tienen de si mismas y de sus aspiraciones. Este es el secreto de Irán, por ejemplo, más que su petróleo o su empeño de adquirir capacidad nuclear.  Incluso sociedades más desarrolladas y estables poseen esta auto-percepción. Sin ella, no habrá respiros y la situación continuará degenerando en conflictos, algunos de los cuáles podrán ser contenidos y otros que eventualmente estallarán.


*Este artículo fue publicado originalmente en Árabe en al-Hayat y traducido al castellano por el Centro Alternativo de Información (AIC) a petición de la autora.


[1] Líder espiritual de Hamas asesinado por el ejército israelí el 22 de marzo de 2004 (Nota del T.)

[2] Dentro del Islam, pronunciamiento legal sobre una cuestión específica emitido por una autoridad religiosa (Nota del T.)


 
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