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¿Ya no tenemos a que jugar? El lejano horizonte político de un acuerdo palestino israelí con justicia Print E-mail
Written by Connie Hackbarth, Alternative Information Center   
Sunday, 31 August 2008
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olmert_rice_aug_26_2008.jpgCon todos los actores implicados reconociendo abiertamente que el Proceso de Annapolis ha fracasado en el objetivo de proporcionar una visión política viable y una estructura de negociaciones relevantes entre la Autoridad Palestina e Israel que llevase a un acuerdo antes de que acabase este año ¿qué nos queda esperar? Los Estados Unidos están ocupados en su elección presidencial, elecciones que, independientemente de su resultado, traerán una nueva administración y una lista desconocida aún de prioridades domésticas e internacionales. Los israelíes también ocupados con sus elecciones. La primera convocatoria de primarias en Kadima, para el 17 de septiembre elegirá a un nuevo líder tras la decisión de Ehud Olmert de apartarse en Septiembre para afrontar su larga lista de investigaciones en curso y probables acusaciones. Entonces, y solo entonces, quizás, si el nuevo líder de Kadima es incapaz de formar gobierno, se convocarán elecciones en Israel para enero de 2009. Mientras tanto, la situación interna palestina es la de un estado fracturado entre Hamás y Al Fatah, entre Gaza y Cisjordania, en gran parte gracias a la presión israelí y norteamericana y a sus maniobras para revertir la opción democrática de los palestinos emitida en las urnas en enero de 2006. Una vez más, los palestinos están forzados a comprender, ser pacientes y esperar debido a las crisis de los norteamericanos y los israelíes. 

Pero la situación no viene condicionada y se estanca sólo en función de las elecciones israelíes y nortamericanas. Mientras las negociaciones actuales se centran e "todo y nada" como ha admitido el Primer Ministro Olmert, Israel refuerza su ocupación del territorio palestino. Desde el comienzo del Proceso de Anápolis en Noviembre de 2007, por ejemplo, Israel ha doblado la construcción de asentamiento en Cisjordania de acuerdo con un informe publicado por el grupo israelí Peace Now. Simultáneamente, el número de ofertas de construcción israelí en Jerusalén Este se ha incrementado por 38 a lo largo del mismo período de 2007. 

El Acuerdo de Anápolis declara sin ambigüedades que "las partes se comprometen a aplicar inmediatamente sus obligaciones respectivas a partir de la Hoja de Ruta y su base de hechos sobre el terreno" un documento que obliga a Israel a "detener toda la actividad de los asentamientos (incluyendo su crecimiento natural)". En Anápolis, los Estados Unidos se coronaron a sí mismos como el Juez último para "evaluar y juzgar el cumplimiento de los compromisos de ambas partes tomadas en la Hoja de Ruta".

La falta de disposición y voluntad política norteamericana para cumplir este rol se pone de manifiesto en las tibias declaraciones de Condolezza Rice y el Departamento de Estado norteamericano referidas a la construcción de asentamientos "que no ayuda". Filtraciones a la prensa a lo largo del último mes sugieren que el General retirado James Jones, El Coordinador norteamericano en temas de seguridad para el conflicto palestino-israelí iba a emitir un informe "muy duro" respecto a la definición de los intereses de seguridad israelíes en Cisjordania, intereses que incluyen el refuerzo de los asentamientos. Este informe aún no ha sido publicado, pero la filtración ha servido para proporcionar la ilusión de una relevante voz crítica respecto al comportamiento israelí dentro de la Administración norteamericana. 

Los apoyos israelíes del fallido proceso de Oslo designaron con velocidad a Anápolis como "el único tablero de juego" el pasado noviembre, demonizando la crítica política hacia esta fórmula ya intentada con fracaso previamente como un acto de paz en sí mismo y como si fuera la elección del pueblo palestino e israelí. Sin aprender nada de los fallos políticos de años pasados, estos "guerreros de Oslo" han apoyado de nuevo negociaciones secretas (y con ellas la ilusión de que se producían avances) mientras desincentivaban la rendición de cuentas y la participación pública en el debate sobre como garantizar que Anápolis, como el proceso de Oslo, no generara menos oportunidades para la paz y la marginalización socioeconómica de amplias capas del público israelí en beneficio de unos cuantos hombres de negocios con conexiones internacionales de Tel Aviv. 

La situación sociopolítica en la región es muy diferente a la del Proceso de Oslo durante los 90. Los 60 años de Israel y su confianza en la fuerza armada para imponer su agenda nacional se ha mostrado irrelevante en el siglo 21 con múltiples esferas de poder y alianzas cambiantes. En respuesta (entre otros temas) a la ocupación catastrófica de Irak dirigida por los Estados Unidos, la fallida guerra de Israel contra Líbano en 2006 y, por supuesto, la ocupación israelí de Palestina, los habitantes de Oriente Medio se han situado a sí mismo en la línea de resistencia contra el imperialismo neoliberal norteamericano. Los movimientos de resistencia nacional desde Líbano a Irak, pasando por Palestina han respondido a los designios militares y económicos de Estados Unidos e Israel y le han demostrado al mundo que la fuerza militar no es suficiente. 

Aún con esto, la inmensa mayoría de los israelíes, con una ignorancia ciega y arrogante de la historia, compartida por todo poder ocupante, piensa que vive en la aproximación más cercana posible a la paz hoy en día. Las operaciones palestinas en Israel han desaparecido, las relaciones israelíes con el mundo occidental (mejora de las relaciones con la UE, negociaciones para sumarse a la OCDE, participación internacional en las celebraciones del 60 aniversario en Mayo, etc..) nunca han sido mejores mientras el precio que pagan por la ocupación en vidas de soldados es muy bajo. Mientras Olmer y Kadima pudieron ser elegidos en mayo de 2006 en una "plataforma de la paz"

de retirada unilateral de Gaza y secciones de Cisjordania (ni hablar del Golán o de la Jerusalén ocupada, por supuesto) no ha existido una presión pública abierta en Israel en su fallido e irrelevante gobierno para recordar sus pasadas promesas de paz. 

En este contexto político, uno de los modos en que la sociedad civil internacional y local pueden promover en la práctica el final de la ocupación israelí de los territorios palestinos y luchar por la consecución de una paz justa para todos los palestinos e Israelíes es sumándose a la convocatoria pública de la sociedad civil palestina a la Campañas del Boicot, desinversiones y sanciones. Estas campañas, fácilmente adaptadas a las realidades y necesidades históricas económicas y políticas de diversos grupos de la sociedad civil a lo largo de todo el mundo nos proporcionan un medio tangible para exigirle responsabilidad a Israel y desarrollar acciones para desarrollar lo relativo a la paz después de más de un siglo de desposesión y desplazamiento de los palestinos. 

Los detractores israelíes, incluyendo a los grupos mayoritarios "por la paz"

y a las Ong´s emiten avisos (cuando es que reaccionan) sobre como el BDS sólo serviría a alejar al público israelí aún más del campo de la paz. De todos modos, los palestinos no pueden permanecer como rehenes de ningún, real o imaginario, proceso interno psicológico-político de los israelíes. La ocupación israelí de 1967 tiene que terminar y tiene que terminar inmediatamente. Una vez que la ocupación termine, el trabajo a largo plazo para garantizar una vida conjunta en paz y justicia para Palestinos e Israelíes, como parte integral de Oriente Medio, se convertirá en la prioridad. 

Los activistas israelíes por la paz y los derechos humanos han fallado durante 40 años a la hora de conseguir que su sociedad rindiese cuentas por la ocupación como sistema de vida y no como una simple serie de violaciones de los derechos humanos que pueden ser "atrapadas en una grabación" y llevadas al sistema de justicia israelí. La convocatoria palestina antes mencionada invita a "los israelíes con conciencia a apoyar este llamamiento, a favor de una paz justa y verdadera". Los israelíes que quieren ver el final de la ocupación deberían recibir con agrado esta invitación, colaborar presionando a su gobierno para que rinda cuentas y generando un cambio político favorable: hasta ahora se ha demostrado que no pueden hacerlo por sí mismos. Las violaciones de los Derechos Humanos no se cometen para violarlos porque sí, sino para conseguir objetivos políticos posteriores.

Los grupos israelíes de derechos humanos pueden aprender de sus compañeros palestinos como Addameer <http://www.addameer.org/>, Defence of Children-Palestine <http://www.dci-palestine.org/>, Al Mezan Center for Human Rights <http://www.mezan.org/> y tantos otros, palestinos e internacionales sobre como promover los derechos humanos en el contexto político en el que nos encontramos y no en el vacío de la teoría y la ley. 

La Ministra israelí de Asuntos Exteriores, Tzipi Livni, ha avisado recientemente de que "la presión, la presión internacional puede llevar a enfrentamientos  [.] a violencia como la que ya hemos vivido [.] después de Camp David en el 2000 y las circunstancias actuales son, de algún modo, similares". Livni no culpa a la ocupación israelí sino a la presión internacional de un próximo estallido de violencia. 

De todos modos, Israel, durante 40 años, ha demostrado, sin sombra de duda, que, si no es a través de la resistencia palestina a la ocupación o de una intensa presión internacional no habrá paz ni justicia.


 
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