Vista desde la aldea de Far'un (foto de archivo de AIC, 2008).
En la definición de las políticas de ocupación
colonial, se ha omitido del análisis todo tipo de consideraciones de empatía
hacia aquellos que sufren la ocupación.
Far'un, un pequeño pueblo de 3.000 habitantes al norte
de los Territorios Ocupados de Cisjordania, se encuentra en una verde colina al
sur de Tulkarem, a sólo cuatro kilómetros de la Línea Verde. Desde los tejados
de los antiguos edificios situados en el centro del pueblo, se puede observar
un conjunto de terrenos alrededor de la aldea, donde se han plantado olivos,
naranjos y limoneros perteneciente a los agricultores de Far'un. También son
visibles desde lo alto de los tejados algunas de las zonas pertenecientes al
pueblo antes de la partición de 1948, solo que ahora se encuentran en la otra
parte del muro de separación.
Las dos ciudades -Taybeh en el lado
israelí y Far'un en Cisjordania- parecen una sola desde la distancia. Pero si
se observan atentamente los edificios, se puede percibir una valla
electrificada que divide a la ciudad en dos. Esta valla atraviesa una de las
calles principales que una vez sirvió de punto de encuentro de las dos
ciudades.
Antes de la clausura y construcción
del muro en 2002, la población de ambas ciudades mantenía estrechas relaciones
y muchos habitantes de Far'un se trasladaron a Taybeh para estar cerca de los
miembros de su familia que allí vivían. Sin embargo, tras la construcción del
muro, la vida social de las familias de ambas aldeas se ha visto muy afectada.
Con el muro ahora es imposible que las personas de Far'un visiten a sus
parientes en el otro lado.
Vista desde la aldea hacia uno de los asentamientos israelíes cercanos (foto de archivo, AIC, 2008).
Si se observan los
alrededores de la aldea, uno se puede dar cuenta rápidamente de que Far'un está
totalmente rodeada por los tres asentamientos de Avnei Hefetz, Enav y Sal'it al
noreste, y por el muro de separación al oeste. La carretera principal que una
vez conectó Tulkarem con Qalqilia, se ha convertido en una carretera de
circunvalación para los colonos que viven en los asentamientos cercanos. Los
palestinos están ahora obligados a utilizar una carretera nueva y más larga que
atraviesa las colinas.
Al entrar en la aldea, se
tiene la sensación de ser un animal cercado por una valla electrificada a modo
de barrera. Es difícil creer que todo esto se ha construido, no para animales,
sino para seres humanos. En la calle paralela a la valla, jeeps israelíes
patrullan la zona a todas horas para controlar los movimientos de los aldeanos.
Por otra parte, es evidente que estas restricciones a la movilidad impuestas a
los palestinos están destinadas a garantizar la libre circulación de los
colonos en los Territorios Ocupados Palestinos.
A nadie se le permite acercarse a la
valla. Los soldados, con el pretexto de la seguridad, tienen órdenes de
disparar a cualquiera que se acerque a ella y según algunas personas que viven
allí, ya han matado a tiros a un vecino de la aldea. La cerca electrificada
pasa a sólo 20 ó 30 metros de dos escuelas y de 10 edificios de apartamentos y,
bajo amenaza de muerte, incluso los residentes de esos edificios deben
mantenerse alejados de la valla.
Vivienda familiar de la aldea con el muro de separación justo detrás del jardín (foto de archivo AIC, 2008).
Según el alcalde de Far'un,
Abed al-Karim Mohammed Jamal, la aldea se compone de 8.000 dunams de tierra,
considerados como la principal fuente de ingresos para sus habitantes.
El gobierno israelí confiscó 4.500
dunams para la construcción del muro, gran parte de los cuales están situados
hoy al otro lado del muro. Además, los militares israelíes utilizan una
política arbitraria de permisos para dificultar que los agricultores puedan
llegar hasta las tierras que poseen al otro lado de la valla y trabajarlas.
Basam Otair, un palestino local que ha perdido la mayor parte de su tierra por
quedar al otro lado del muro, ha declarado que “ahora es muy difícil conseguir
un permiso para ir a trabajar a las tierras de nuestra propiedad que se
encuentran al otro lado del muro. A veces, conceden un permiso temporal a
algunas personas, y otras veces, paralizan totalmente los permisos por razones
de seguridad. Con frecuencia, nos otorgan el permiso, pero al llegar al paso
vemos que la verja está cerrada. Otras veces, permiten pasar a los trabajadores,
pero prohíben el paso a los propietarios de las tierras. Las tierras que se
encuentran al lado del muro están hoy totalmente descuidadas. La gente tiene
miedo de ir a trabajar allí. Yo quería construir allí una casa para mi hijo
mayor en una de mis tierras, pero los israelíes no me dieron el permiso. No
podemos construir en nuestra tierra. Nuestra vida ha cambiado completamente
después del cierre. Antes, la gente solía producir litros de aceite para sus
familias y para la venta. Ahora que hemos perdido nuestra tierra, tenemos que
comprarlo”.
Antes del inicio de la
segunda Intifada, la mayoría de los aldeanos trabajaban como agricultores y
albañiles en Taybeh y Nazaret. Durante ese período, no podían imaginar que
estarían separados, por la fuerza, de sus relaciones sociales y de sus medios
de vida en estas zonas y no tenían idea de los graves problemas a los que se
enfrentarían más tarde. "Con el tiempo, nos hicimos conscientes de que
algo grave iba a afectarnos. Nos causó un gran impacto el enterarnos del cierre
total. Nos dimos cuenta de que habíamos perdido nuestra tierra y nuestros
sueños", dice Basam.
Tras el cierre, muchos
campesinos perdieron sus puestos de trabajo. El desempleo es ahora uno de los
mayores problemas en Far'un. Por otra parte, los principales recursos hídricos
de la zona están controlados por Israel, dejando a los palestinos con un acceso
muy limitado y en escasa cuantía. Los agricultores se enfrentan cada vez con
mayores problemas. El muro destruyó las tierras agrícolas de la zona. Muchos de
los animales de granja pastoreaban las tierras inhabitadas de la región, hoy en
día es raro ver una oveja por allí. Ya no hay suficiente espacio ni pasto para
los animales.
El problema más grave al
que se enfrentan actualmente los pobladores de Far'un es la amenaza de la
demolición de viviendas. Doscientas o más casas construidas en el "Área
C" (bajo administración y control de seguridad israelí) sin el permiso de
la Administración Civil israelí se encuentran bajo amenaza de demolición.
Viviendas de familias que se vieron obligadas a abandonar su hogar por estar situadas en zona de seguridad israelí (foto de archivo AIC, 2008).
En el "Área C",
Israel administra los permisos de construcción y los palestinos no tienen
representación en el procedimiento oficial. Si un palestino quiere construir en
su tierra situada en el "Área C", deben someterse a un largo,
complicado y costoso procedimiento burocrático, que inevitablemente finaliza,
como en todos los casos en Far'un, con la denegación de la solicitud del
permiso.
A pesar de que los
edificios que se encuentran cerca del muro se construyeron o se comenzaron a
construir antes del establecimiento del muro, el ejército israelí reclama este
área como zona de seguridad, lo que implica no poder edificar.
Una de las víctimas, Farid
Abed al-Jabbar dijo: "he gastado todo mi dinero en construir mi casa.
Ahora mi familia y yo estamos obligados a vivir con nuestros parientes en un
piso lleno de gente".
Los propietarios de tiendas
habitadas por familias situadas cerca del muro, también han recibido órdenes de
demolición por parte de los militares israelíes. Las familias pidieron la
anulación de estas órdenes, pero las autoridades de Israel siguieron adelante
con sus planes haciendo caso omiso. Por otra parte, se han construido cientos
de viviendas alrededor de los asentamientos sin permiso. En estos casos, las
autoridades israelíes, en lugar de emitir órdenes de demolición, utilizan
permisos retroactivos de construcción.
Esta política de concesión
de permisos de construcción constituye un caso de flagrante discriminación por
parte de los colonos hacia los palestinos.
Para tres de estas 10
familias, cuyas viviendas están a punto de ser demolidas, el plazo de preaviso
ha expirado recientemente. Ahora sólo es cuestión de tiempo. Nadie sabe cuando
llegarán los israelíes con las excavadoras, ya que a menudo aparecen durante la
noche.
El desarrollo no está
permitido en Far'un. La única posibilidad para los habitantes es la de
construir en la parte superior de los edificios ya existentes, se impone un
patrón de crecimiento vertical en lugar del patrón horizontal generalmente
aceptado, lo que continúa incrementando la ya superpoblada zona centro de la
ciudad.
Impedir cualquier tipo de
desarrollo en los territorios palestinos es el objetivo de la política de
ocupación de Israel.
El cierre total, los
asentamientos circundantes y la construcción del muro están acelerando el fin
de Far'un.
Puesto de control militar israelí y el asentamiento justo detrás de la aldea (foto de archivo AIC, 2008).
Para los habitantes de la
aldea de Far'un, hay poco margen para la esperanza. Las zonas principales se
encuentran en el "Área C" y, por tanto, consideradas por los militares israelíes como ilegales para futuras
construcciones. Y como ahora es casi imposible construir en la única área con
espacio disponible, el “Área C”, el centro está condenado a superpoblarse aun
más. El otro escenario posible es que Far'un pierda la mayoría de sus
habitantes, que se verán obligados a abandonar la aldea debido a la falta de
puestos de trabajo y de viviendas. Las familias de Far'un perderán las
esperanzas de estar con sus familiares del otro lado del muro y con ellas sus
vidas anteriores. El muro aumentará la distancia física y psicológica entre las
dos zonas, justo cuando los dirigentes están hablando de los acuerdos de paz.
Far'un es sólo un ejemplo
entre las decenas de aldeas palestinas que se encuentran en tan extremas
condiciones debido a su ubicación cerca del muro de separación. Es uno de los
muchos casos que muestra las políticas de expansión que Israel emplea dentro de
Cisjordania, separando aldeas, ciudades y personas y creando las condiciones
para que los palestinos se marchen de sus tierras.
Los habitantes de Far'un no
sólo han perdido sus puestos de trabajo y viviendas a través de la imposición
del cierre, la construcción de los asentamientos y el muro de separación, sino
que también han perdido sus derechos humanos básicos y dignidad como seres
humanos. No saben a dónde ir. Quizás es porque no tienen ningún lugar a donde
ir.
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