Jueves 17 de Mayo, 2012

Temerosas emociones

Jueves 17 de Noviembre de 2011 12:06 Luz Welles
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La reciente escalada verbal en el ámbito periodístico, académico y político en torno al posible desarrollo de una bomba atómica por parte de Irán así como un posible ataque de Israel contra dicho país, pareciera escasamente discutir las verdaderas implicancias. ¿Se ha perdido el miedo a la bomba atómica o a una posible guerra que distaría de ser un ataque convencional?.

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Manifestantes con insignias: "Tel Aviv, Amman, Beirut no serán Hiroshima". Protesta anti-nuclear de Greenpeace en Tel Aviv. 5 de septiembre de 2009. Foto: Yotam Ronen/Activestills.

Las emociones contribuyen a moldear la dinámica de cualquier sociedad. Son una pieza fundamental en la formación de respuestas individuales y sociales ante situaciones de conflicto, como el palestino-israelí. Tanto palestinos como israelíes desarrollan una sensibilidad particular hacia la expresión de determinadas emociones, conformando una orientación colectiva particular.

Evidentemente, el conflicto palestino-israelí evoca miedo, ira y odio, envueltos en sensaciones de inseguridad y desconfianza. El miedo vivenciado colectivamente se nutre de experiencias violentas y amenazantes.

Ahora bien, simultáneamente el miedo alimenta la perpetuación del conflicto, creando un círculo vicioso de temor, congelamiento y violencia. Esta retroalimentación es clave porque el miedo colectivo no sólo se basa en eventos violentos concretos vivenciados por palestinos e israelíes, sino que es reforzado en la esfera pública, por los medios de comunicación y discursos políticos.

Si miramos de cerca la sociedad israelí, y en base a diversos análisis del Prof. Daniel Bar-Tal de la Universidad de Tel Aviv, constatamos que el miedo colectivo juega un rol fundamental en la psiquis de dicha sociedad, influyendo en la formulación y toma de decisiones políticas. Éste se alimenta del legado traumático de persecuciones históricas del pueblo judío, de la retórica árabe anti-israelí y de las acciones violentas en el marco del conflicto. De este modo, la sociedad israelí ha tenido gran dificultad en desarrollar una emoción colectiva inclinada hacia la esperanza. De hecho, estudios revelan una correlación negativa entre el miedo colectivo y el apoyo al proceso de paz. Es decir, mientras más miedo tenemos, menos preparados estamos para realizar compromisos y embarcarnos en negociaciones de paz.

Las palabras de Mikado Warschwaski en una entrevista para el AIC arrojan luz en la cuestión al sostener que el miedo se ha convertido en moneda corriente en la sociedad israelí, por lo que la amenaza de un conflicto, confrontación o guerra constituyen las reglas de un juego conocido: "Todo está dado vuelta en Israel. Los israelíes temen al discurso de paz, de poner fin a la guerra, de discutir arreglos y negociaciones". En un clima de inseguridad y desconfianza, cada iniciativa o propuesta de paz cae automáticamente bajo una mirada sospechosa. "Tenemos miedo de un juego que excede la esfera del conflicto. No significa que no temamos de los misiles o de una guerra, pero al menos tenemos la sensación de que se trata de un juego conocido aunque riesgoso, mientras que poner fin a la guerra y al conflicto nos resulta un juego desconocido".

La influencia potencial de los líderes políticos israelíes en la evocación de determinadas emociones en repuesta a eventos sociales es claramente elevada. Continúa Mikado, "el público israelí se siente amenazado todo el tiempo y este sentimiento es alimentado por el gobierno permanentemente... En pocas ocasiones los líderes israelíes han intentado equilibrar el miedo con la esperanza, a excepción de Rabin, quien dijo que teníamos otra alternativa, aunque fuera muy peligrosa. En los últimos 15 años nadie ha traído esperanzas, no hay esperanza. Y aún cuando emergen matices de esperanza, se las elimina, pensando qué esconden detrás".

Se revela entonces el arma de doble filo: aquel miedo que permanece durante algún tiempo se convierte en un acompañante natural. Y resulta difícil vivir sin ese acompañante, más allá de que se produzcan cambios concretos. Podríamos interrogarnos si acaso a lo que la sociedad israelí le teme es al vacío de vivir sin miedo. Más grave aún, el miedo es plataforma para la violencia. Una sociedad temerosa tiende a hacer uso de la violencia cuando siente que se enfrenta a condiciones amenazantes.

El periodista Akiva Eldar expresó en un artículo de Haaretz en 2010: "En lugar de advertir de los peligros inherentes a la continuación del conflicto, Netanyahu ha decidido explotar el miedo primitivo al otro. En lugar de advertir los peligros del creciente aislamiento de Israel, está aumentando el temor del público a lo desconocido. A los que se teme son odiados y los que son odiados son asesinados, dijo Nelson Mandela. Netanyahu siembra miedo, nosotros cosechamos odio, mientras que nuestros hijos están asesinando y siendo asesinados".

Y es en relación a la reciente escalada verbal en torno a una posible guerra con Irán que nos surgen inevitablemente algunos interrogantes: ¿El temor de que Irán desarrolle una bomba nuclear superará el temor ante una guerra con Irán? ¿Acaso un ataque por parte de Israel a Irán cae dentro del parámetro de aquellas reglas de juego conocidas por la sociedad israelí? ¿O bien la aterradora idea de un ataque a Irán y la consecuente respuesta por parte de éste funcionará como incentivo para que la sociedad israelí se oponga fehacientemente?

 

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