Jueves 17 de Mayo, 2012

Cicatrices para toda la vida

Viernes 11 de Noviembre de 2011 14:57 Luz Welles para el Centro de Información Alternativa
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La experiencia de arresto y detención de un menor repercute indudablemente a nivel emocional, psicológico y socio-cognitivo, afectando su núcleo familiar, escolar y comunitario. Según datos de Addameer (Prisoner Support and Human Rights Association), desde el año 2000 más de 6.500 niños palestinos menores de 18 años han sido detenidos por el ejército israelí, y como indica B´Tselem, entre 2005 y 2010, más de 800 menores han sido procesados por el sistema judicial militar israelí debido al lanzamiento de piedras. Estas cifras revelan que el arresto y enjuiciamiento de menores se ha convertido en un fenómeno relativamente frecuente en la sociedad palestina.
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Menor palestino siendo arrestado por el ejército israelí. Foto: Al-Awda

Tanto el derecho internacional como la ley israelí establecen que los menores sospechosos de cometer delitos tienen derecho a un trato diferente del que reciben los adultos. Evidentemente, los menores tienen mayor dificultad en hacer frente al sistema judicial ya que viven y sienten la experiencia mucho más intensamente: la separación de sus familias, el proceso de interrogación y el castigo tienen un efecto mucho mayor y más duradero en sus vidas. Como explica Naama Baumgarten-Sharon, investigadora de B´Tselem, los niños no tienen la madurez suficiente para comprender lo que está sucediendo, y carecen de guía por parte de un adulto. De este modo, el trato de menores por parte del sistema judicial es susceptible de tener un efecto crítico en el desarrollo de los menores y en las posibilidades de éxito en su posterior rehabilitación.

La experiencia de detención afecta directamente distintos aspectos del entorno del menor que son esenciales para garantizar un fluido crecimiento y transición desde la frágil etapa de la infancia hacia la vida adulta. El informe "The Social Rehabilitation of Palestinian Child Ex-Detainees: A Long Run to Freedom" (Save the Children Sweden, 2008) revela hallazgos abrumadores al respecto. A nivel personal, los menores ex-detenidos desarrollan frecuentemente el denominado "trastorno de estrés postraumático", provocando elevados niveles de miedo, frustración, tristeza, depresión, hostilidad y agresión. En su entorno familiar, chocan por un impulso sobreprotector desarrollado por sus padres -debido al miedo de perder a sus hijos cuando éstos están en prisión- y un determinado grado de independencia ganado durante su detención, acompañado de un impulso de rebelión mayor hacia la autoridad. Dicha situación se agrava por el hecho de que usualmente los padres no cuentan con las herramientas necesarias para hacer frente a la nueva situación de desequilibrio provocada por el regreso del menor, y se sienten impotentes al no poder ayudarlos.

Una vez de regreso a la escuela, sufren de la estigmatización por parte de sus compañeros de clase debido a sus dificultades para reintegrarse en su vida cotidiana. A esto se suma una tensa relación con sus maestros quienes en numerosos casos carecen de la sensibilidad y habilidades necesarias para enfrentar la situación particular en la que se encuentran dichos niños. En su reintegración comunitaria, se ven constantemente atravesados por una dicotomía entre la infancia y la edad adulta: si bien siguen siendo vulnerables y requieren de un mayor cuidado y atención, sienten que la sociedad los percibe como héroes y luchadores por la libertad, ya que han experimentado y sobrevivido a la experiencia de detención. Por lo tanto, esconden su fragilidad a nivel social porque ésta implicaría renunciar a esa imagen gloriosa. Esta contradicción es alimentada por el hecho de que en parte, se sienten superiores a sus pares, ya que han sufrido condiciones difíciles, pero tienen sin embargo fuertes sentimientos de inferioridad debido al estancamiento en su desarrollo en términos de habilidades sociales.

B´Tselem sostiene en su reciente informe "No Minor Matter" que los derechos de los menores deben ser protegidos a pesar de que los mismos hayan cometido un delito. La ley militar israelí actualmente no garantiza a los menores culpables de delitos los mismos derechos garantizados por la ley israelí. Esto se traduce en un descuido de la edad del menor y una ceguera ante su estado de vulnerabilidad y falta de madurez. Por otro lado, lamentablemente el panorama que se presenta a los menores luego de ser encarcelados no es para nada alentador, ya que las instituciones palestinas no siempre están adecuadamente preparadas para orientarlos y apoyarlos, lo que se traduce inevitablemente en falencias desde el apoyo legal, psicosocial, educativo, profesional y cultural.

Entonces, aún cuando los menores son puestos en libertad, el camino por recorrer antes de superar los obstáculos impuestos por la experiencia de detención es arduo, ya que los menores sufren frecuentemente un importante trauma psicosocial y atraviesan graves conflictos de identidad debido a una experiencia que ha dejado cicatrices para toda la vida.

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