Jueves 17 de Mayo, 2012

La revolución de Egipto e Israel: “Mala para los judíos”

Lunes 28 de Febrero de 2011 16:35
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egypt
La visión desde Israel es que si estos realmente lo consiguen, las revoluciones de Túnez y Egipto son malas, muy malas. Los árabes con estudios, no todos ellos llevan vestiduras “islamistas” y gran parte de ellos hablan un inglés perfecto, cuyo deseo por una democracia es articulado y que no recurren a la retórica “anti-occidental”, son malos para Israel.


Los ejércitos árabes que no disparan a estos manifestantes son tan malos como lo son las otras muchas imágenes que emocionaron e inspiraron a tantas personas en todo el mundo, incluso en occidente. Esta reacción mundial también es mala, muy mala. Hace que la ocupación israelí en Cisjordania y en la Franja de Gaza y sus políticas de apartheid dentro del Estado se asemeje a las típicas actuaciones del régimen “árabe”.

 

 

Durante un tiempo era difícil adivinar los pensamientos del Israel oficial. En su primer mensaje de sentido común a sus colegas, el Primer Ministro Benjamín Netanyahu les pidió a sus ministros, generales y políticos que no hicieran comentarios en público sobre los acontecimientos ocurridos en Egipto. Por un breve instante parecía que Israel había pasado a ser el matón del barrio a lo que siempre fue: un visitante o residente permanente.

 

Parece que Netanyahu estaba particularmente avergonzado por los comentarios desafortunados sobre la situación hecha pública por el General Aviv Kochavi, el jefe de la inteligencia israelí. Este alto cargo israelí experto en asuntos árabes declaró con convicción hace dos semanas en el Knéset que el régimen de Mubarak era más sólido y resistente que nunca. Pero Netanyahu no pudo mantenerse callado durante tanto tiempo. Y cuando el jefe habló todos los demás le siguieron. Y cuando estos respondieron, sus comentarios hicieron que los reporteros de las noticias de la cadena Fox parecieran una panda de pacifistas y hipéis a favor del amor libre de los sesenta.


La esencia de la narrativa israelí es simple: ésta es una revolución tipo iraní respaldada por Al-Jazeera y permitida de un modo irresponsable por el presidente de los Estados Unidos Barack Obama, que es un nuevo Jimmy Carter, y un mundo estupefacto. Encabezando la interpretación de Israel se encuentran los antiguos embajadores de Egipto. Toda su frustración por haber sido encerrados en un bloque de apartamentos en El Cairo está ahora en erupción como un imparable volcán. Su diatriba puede ser resumida en las palabras de uno de ellos, Zvi Mazael que le dijo a la cadena de televisión israelí Channel One el 28 de enero, “esto es malo para los judíos; muy malo”.

 

En Israel, por supuesto, cuando dices “malo para los judíos”, te refieres a los israelíes, pero también te refieres a que todo lo que es malo para Israel, también es malo para todos los judíos del mundo (a pesar de que desde que se fundó el Estado se evidencie lo contrario).

 

Pero lo que es realmente malo para los israelíes es la comparación. Termine cómo termine todo esto, los acontecimientos ocurridos ponen al descubierto las falacias y la falsedad de Israel como nunca lo habían hecho antes. Egipto está viviendo una Intifada pacifista con una violencia mortal que surge por parte de su régimen político. El ejército no disparó a los manifestantes; e incluso antes de la partida de Mubarak, cuando ya habían pasado siete días de protestas, el ministro del interior que dirigió a sus matones a acallar las manifestaciones de forma violenta había sido despedido y probablemente será llevado ante la justicia.

Sí, esto se hizo para ganar tiempo e intentar persuadir a los manifestantes para que se fueran a casa. Pero incluso esta situación, que ya ha sido olvidada, nunca se puede dar en Israel. Israel es un lugar en el que todos los generales que ordenaron disparar a los manifestantes palestinos y judíos anti-ocupación ahora compiten por el puesto más alto de Jefe del Estado Mayor General.

 

Uno de ellos es Yair Naveh, que en el 2008 dio órdenes de matar a palestinos sospechosos incluso si podían ser arrestados sin tener que recurrir a la violencia. Fair no va a ser enviado a la cárcel; pero la joven, Anat Kamm, que sacó a la luz estas órdenes se va a enfrentar a nueve años de cárcel por filtrar esta información en el periódico israelí Haaretz. Ningún general o político israelí ha pasado, ni pasará, un solo día en la cárcel por haber ordenado a las tropas que disparasen a los manifestantes desarmados, civiles inocentes, mujeres, hombres mayores y niños. La luz que irradian Egipto y Túnez es tan fuerte que también ilumina las zonas más oscuras de la “única democracia de Oriente Medio”.  


Los árabes que no utilizan la violencia y que son democráticos (sean religiosos o no) son malos para Israel. Pero quizás estos árabes habían estado allí todo el tiempo, no sólo en Egipto, también en Palestina. La insistencia de los comentaristas israelíes en destacar que el asunto más importante que está en juego es el tratado de paz israelí con Egipto, es sólo un modo de desviar la atención del público y tiene poca relevancia comparado con el poderoso impulso que está sacudiendo a todo el mundo árabe.

Los tratados de paz con Israel son síntomas de corrupción moral y no representan la enfermedad en sí, por este motivo el presidente sirio Bashar Asad, sin duda un líder anti-israelí, no es inmune a esta ola de cambio. No, lo que aquí está en juego es la pretensión de que Israel sea una isla occidental estable y civilizada en un mar revuelto de barbarismo islámico y fanatismo árabe. El “peligro” para Israel es que la cartografía sea la misma pero que la geografía pueda cambiar. Todavía se tratará de una isla, pero de barbarismo y fanatismo en un mar de estados igualitarios y democráticos recién formados.

Desde el punto de vista de las grandes secciones de la sociedad civil occidental la imagen democrática de Israel hace ya tiempo que se está desvaneciendo; pero puede que ahora se haya apagado y empañado a ojos de otros de los que se encuentran en el poder y que están involucrados en la política. ¿Cuánto resistirá la antigua imagen positiva de Israel para poder mantener su especial relación con los Estados Unidos?


Sólo el tiempo lo dirá.


Pero de un modo u otro el creciente lamento desde la plaza Tahrir de El Cairo es un aviso de que las falsas mitologías de la “única democracia de Oriente Medio”; el fundamentalismo cristiano radical (mucho más siniestro y corrupto que el de la Sociedad de los Hermanos Musulmanes), la cínica especulación corporativa de la política imperialista, el neo-conservadurismo y la asociación brutal, no garantizarán que la especial relación entre Israel y los Estados Unidos se mantenga para siempre.

 

E incluso si esta relación especial persiste durante un tiempo, sus cimientos se están empezando a tambalear todavía más. Los casos de estudio diametralmente opuestos sobre los, hasta ahora, mucho mas resistentes poderes regionales anti-estadounidenses de Irán y Siria (y hasta cierto punto Turquía) por un lado, y la caída de los máximos tiranos pro-estadounidenses, por el otro, son indicativos: incluso si el apoyo estadounidense es sostenido, podría no ser suficiente en el futuro para mantener un “Estado judío” étnico y racista en el corazón de un mundo árabe que está cambiando.

 

Esto podría ser bueno para los judíos, a la larga incluso para los judíos en Israel, que estén rodeados por personas que aplauden la libertad, la justicia social y la espiritualidad. Navegar algunas veces seguros y otras con dificultad entre la tradición y la modernidad, el nacionalismo y la humanidad. La globalización del capitalismo agresivo y la supervivencia diaria no va a ser fácil. 

Pero este cambio tiene un horizonte, y porta esperanzas de cambio en Palestina. Puede ser el fin de más de cien años de colonización sionista y despojo. El principio de una reconciliación más igualitaria entre las víctimas palestinas de estas políticas criminales, donde quiera que se encuentren, y la comunidad judía. Esta reconciliación podría ser construida en base al derecho de retorno de Palestina y de todos los demás derechos por los que con tanto valor lucharon los ciudadanos de Egipto durante los últimos veinte días.

Pero los israelíes no dudarán en dejar pasar esta oportunidad de paz. Darán una falsa alarma. Pedirán, y recibirán, más fondos de los contribuyentes estadounidenses basándose en esta nueva “evolución”. Interferirán de un modo clandestino y destructivo para sabotear cualquier transición a la democracia (no hay que olvidar la fuerza y el ensañamiento que caracterizó su reacción ante la democratización en la sociedad de Palestina), y elevarán su campaña islamofóbica a nuevas dimensiones nunca antes conocidas.

 

Pero quién sabe, quizás los contribuyentes estadounidenses no cederán esta vez. Y quizás los políticos europeos se dejarán guiar por el sentimiento general de sus gentes y no sólo aceptarán que Egipto sea transformado drásticamente, si no que también le darán la bienvenida a un cambio similar en Israel y Palestina. En tal situación los judíos de Israel tendrán la oportunidad de pasar a formar parte del Oriente Medio real, y de dejar de ser un miembro extraño y agresivo de Oriente Medio producto de una visión alucinógena sionista.

 

 


 

Ilan Pappé es Profesor de Historia y Director del Centro Europeo de Estudios Palestinos de la Universidad de Exeter. Su libro más reciente es Desenmarcado: La lucha por la libertad académica en Israel (Pluto Press, 2010).

Publicado originalmente en la página Web de la Intifada electrónica. Traducido al castellano por Aitana Pascual Buitrago para el Centro de información alternativa (aic), Jerusalén.

 

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