Jueves 17 de Mayo, 2012

Violaciones democráticas de la ocupación

Viernes 13 de Enero de 2012 10:02 Sabrina Sifrin para el Centro de Información Alternativa (AIC)
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Si la ocupación tuviera rostro, sería un rostro de violador, y como todo buen violador que se precie, disfrutaría violando. La ocupación elige bien a sus víctimas, y entre ellas, las mujeres de Jerusalén este ocupan un lugar prominente dentro de la maquinaria violadora del gobierno de Israel. Violaciones en extremo arrogantes, por ese absurdo delirio de autodefinición democrática de la mano ejecutora que aplica su talante democrático violando los derechos de la población palestina en su conjunto, sin distinción de edad, clase social, sexo, origen étnico, etc.

 

Revocación de permisos de residencia, demolición de casas, desahucios, paralización de procesos de reunificación familiar y expansión de colonias, son algunos de los ejemplos de violación de derechos básicos como son la educación, la vivienda, la salud, el trabajo y la vida digna, a la que todos y todas tenemos derecho simplemente por el hecho de haber nacido. Y el estado democrático de Israel no sólo no debería violar estos derechos, sino que está obligado por el derecho internacional, como poder ocupante, a garantizarlos.


Sin embargo, y sin intención de infravalorar el impacto negativo y devastador de estas violaciones en cada mujer, hombre, niño y niña palestino/a, decir que las mujeres y las niñas acusan de forma diferente y más profunda, las consecuencias de las políticas discriminatorias y racistas con las que el gobierno de Israel se obceca en castigar a la población palestina de Jerusalén este, en su esfuerzo por Judaizar la "capital eterna e indivisible" de su democrático estado judío.

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Mujeres palestinas luego de la demolición de su casa en Jerusalén este.


Creo que debe resultar obvio que las mujeres experimentamos la realidad de una forma diferente a los hombres en todas las sociedades del mundo. Los hombres y las mujeres no somos iguales, porque nuestras circunstancias no son las mismas, y por lo tanto no deberíamos ser tratados como si lo fuéramos, ya que justo en ese tratamiento igualitario radica la desigualdad.


En el caso de Jerusalén este, una mujer palestina experimentará por lo tanto la demolición de su casa de una forma diferente a la de su marido, ya que sus circunstancias son diferentes. Debemos tener en cuenta que la sociedad palestina es muy conservadora y que se asienta en una estructura patriarcal extremadamente arraigada, donde el hogar es considerado como el centro de vida de las mujeres ya es allí donde desarrollan fundamentalmente sus actividades sociales y de toma de decisiones. Por lo tanto, aunque en ambos casos se viole el mismo derecho, que no es otro que el derecho a tener una vivienda, para las mujeres el impacto psicológico de esta violación resulta diferente y me atrevería a decir que más grave.

 


Centro de Información Alternativa (AIC), Jerusalén.

 

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