Cuando ingresamos a la "Ciudad de David", nos sentimos en un frondoso y aislado parque de entretenimientos bíblico, al compás de una dulce música clásica que acaricia nuestros oídos. Pero si afinamos la mirada a nuestro alrededor nos damos cuenta que estamos en el corazón de la aldea palestina de Silwan, la cual sufre de una grave negligencia y deficiencias sociales.

Silwan desde la Ciudad de David (Foto: Luz Welles)
El sitio de la Antigua Jerusalén constituye un punto arqueológico único cuyos restos más antiguos datan del año 5.000 AC. Su global importancia se debe a varias razones: está asociada a los primeros habitantes de Jerusalén y fue la capital de los antiguos reinos israelitas; actualmente se encuentra en la aldea palestina de Silwan y por último, se ubica próxima al Monte del Templo (conocido en hebreo como Har Habayt y en árabe como Haram al-Sharif), lugar de elevada sensibilidad político-religiosa en Medio Oriente.
Recordemos que la aldea palestina de Silwan, establecida en el siglo XVI, fue anexada por Israel luego de la guerra de 1967, y sus habitantes palestinos son considerados residentes, pero no ciudadanos israelíes. Cerca de 40 mil palestinos y 400 colonos judíos viven en el pueblo. Parte de la aldea, precisamente el área del Barrio Wadi Hilweh, se asienta sobre la Antigua Jerusalén -al sudeste del Monte del Tempo-, también conocida como la "Ciudad de David".
Dicho lugar forma parte desde 1974 del "Parque Nacional Muros de Jerusalén" que incluye áreas adyacentes a la Ciudad Vieja. Si bien el parque es conducido por la Autoridad Israelí de Naturaleza y Parques, el sitio específico de la Antigua Jerusalén (Ciudad de David) en Silwan es gestionado por Elad, una organización no gubernamental de afiliación política de derecha que promueve el asentamiento de judíos en Jerusalén Este. Se trata del único parque nacional gestionado por una fundación privada con una particular agenda política. La mayoría de las excavaciones son financiadas por Elad, la cual se esfuerza en fortalecer la conexión de la comunidad judía con el sitio. La fundación comenzó a establecerse en Silwan en 1991, y actualmente es dueño de decenas de propiedades.
Vivienda apropiada por colonos judíos en Silwan (Foto: Luz Welles)
No olvidemos que Silwan es uno de los barrios más pobres de Jerusalén Este, carente de algunos servicios básicos: numerosas calles no están pavimentadas, no hay un sistema regular de recolección de basura, muchas viviendas no se encuentran conectadas al sistema de cloacas, una única escuela atiende a todos los residentes, no cuenta con centros comunitarios, parques públicos, oficina de correos ni una clínica. Vale la pena preguntarnos, entonces, la implicancia de una ambiciosa empresa de excavación arqueológica en medio de un barrio con necesidades apremiantes.
En el año 2010, se llevaban a cabo por lo menos 2 grandes excavaciones sobre la superficie y 3 subterráneas, ubicadas en el corazón del barrio. Entre las mismas, las excavaciones en el Estacionamiento Givat, iniciadas en 2007, se sitúan en un área que hasta entonces había servido a los residentes de Silwan como un parque de juegos infantil y un espacio de comercio. Resulta interesante que en esta zona se hayan descubierto restos de los primeros imperios musulmanes, lo cual podría ser de gran interés para la comunidad musulmana de Silwan, así como por debajo de dichas capas, se hallaron importantes evidencias de las épocas bizantina y romana.
Otro ejemplo de un espacio público asignado para excavaciones arqueológicas se encuentra en el extremo sur del barrio Wadi Hilweh. Iniciadas en 2004, las mismas han puesto al descubierto una piscina del período del Segundo Tempo -la piscina de Siolé-. Pero al hacerlo, los arqueólogos han bloqueado por completo un acceso que había servido a los residentes locales desde la zona de El Bustan a la mezquita Wadi Hilweh, cuando su bloqueo no resultaba una medida necesaria.
Basurero a metros del ingreso a la Ciudad de David, Silwan (Foto: Luz Welles)
Las excavaciones arqueológicas en cualquier parte del mundo suelen involucrar a la comunidad local en las que tienen lugar, incluso invitándola a participar personalmente de las excavaciones. En Silwan, sin embargo, las excavaciones se imponen inaccesibles a los residentes, distanciadas tras vallas y verjas de seguridad. Mientras en otros sitios arqueológicos en Israel los residentes que viven cerca del parque nacional pueden entrar de forma gratuita, los residentes de Wadi Hilweh no pueden hacerlo. Como indica el arqueólogo Yonatahn Mizrahi, integrante del grupo de tours alternativos Emek Shaveh, la comunidad local de Silwan ha sido totalmente rezagada en relación a las excavaciones que tienen lugar en el corazón de su barrio. Un claro indicio de que la municipalidad de Jerusalén ha decidido promover el turismo a costa de los habitantes del pueblo es su plan de expropiación de tierras privadas para construir estacionamientos.
Según la visión de Emek Shaveh, la Fundación Elad intenta convertir el sitio de la Antigua Jerusalén en un "Disneylandia bíblico". Consideran que el hecho de que la zona se identifique con la historia bíblica, como una prueba de que el pueblo judío, o la sociedad israelí, ha heredado el derecho a tomar posesión del sitio, socavando los derechos de la población local. Como financiador de las excavaciones y gestor del centro de visitas turísticas, Elad se presenta como el guardián de su historia. Sin embargo, los actuales residentes palestinos están excluidos de su narrativa ya que no se los ve como los últimos habitantes en el continuo de las comunidades que han vivido allí, como si su presencia en la aldea fuese temporal e insignificante.
De este modo, las ruinas del pasado son puestas al servicio de una particular agenda política actual, omitiendo la importancia del sitio para una amplia gama de pueblos y culturas, así como para los residentes locales palestinos, en particular. Los hallazgos arqueológicos son utilizados para demostrar la propiedad de un único grupo nacional y justificar los asentamientos judíos, legitimando actos que dañan a la desfavorecida comunidad local.
Concluye Yonathan: "Los hallazgos de los diferentes períodos, culturas y religiones no pertenecen a ninguna cultura en particular, sino a la humanidad en su conjunto".