Hebron era una de las ciudades mas prósperas de Cisjordania, pero hace más de 17 años Israel ha intentado transformarla en una ciudad paralizada. Una de las principales calles que une el norte y el sur de la ciudad y pasa por los principales mercados tiene prohibido el transito a los palestinos ya sea a pie o en auto, lo cual se suma a otras restricciones que sufren los palestinos en la zona, esto ha llevado al colapso económico del centro de la ciudad. Israel no es ingenuo, sabe que atacar también la economía palestina le garantiza la inviabilidad de la
construcción de un Estado Palestino independiente.

Muchos residentes han dejado la ciudad, y la zona se ha convertido en unaciudad fantasma. Pero muchos otros palestinos se han quedado en la ciudad no obstante el brutal régimen de apartheid que Israel les impone. Los colonos israelíes, se pueden mover libremente por la calle pero los palestinos tienen prohibido transitar por ella. Israel empezó a restringir la circulación de los palestinos a lo largo de la calle en 1994., luego de iniciado el proceso de Oslo, este trato a los habitantes palestinos refleja a las claras la interpretación diferente que cada una de las partes ha tenido del mismo acuerdo, así los Acuerdos de Oslo para los palestinos significaban la esperanza de la construcción próxima de un Estado
independiente con Jerusalem como su capital mientras para los israelíes significaban más tiempo para colonizar los territorios Palestinos. De esta manera bajo una mascara en busca de "seguridad" luego de la masacre llevada a cabo por el colono israelí Baruch Goldstein quien entró
disparando en la mezquita de Hebron y mató allí a 29 Palestinos. Luego de la masacre Israel decidió castigar a los palestinos imponiéndoles aun más restricciones. Al principio, Israel prohibió el comercio palestino y el tráfico de vehículos por parte de la calle Shuhada, y sólo los residentes de esa calle podían entrar con sus vehículos.
Los éxitos de la limpieza étnica en la cuidad y el régimen de apartheid fueren sancionados en el marco del Acuerdo de Hebrón, firmado en enero de 1997. Entonces el control de gran parte de la ciudad, conocido como Zona H1, fue transferido a la Autoridad Palestina. La sección central de la ciudad en la que los asentamientos israelíes se habían establecido, denominada H2, se mantuvo bajo control israelí creando una zona solo para judíos.
Las partes acordaron que Israel volvería a permitir por lo menos la circulación de vehículos palestinos en la calle Shuhada, en la zona H2 hace varios años pero eso se ha cumplido solo ocasionalmente. Cuando la segunda Intifada estalló en octubre del año 2000, el ejército impuso restricciones aun más severas a la circulación en la calle. Ahora, los palestinos tienen prohibido circular a lo largo de toda la calle, e incluso caminar en el tramo comprendido entre los asentamientos de Avraham Avinu y de Bet Hadassah. El ejército también prohíbe el tráfico palestino en las calles adyacentes, creando así una franja contigua de tierra en el centro de Hebrón, desde el asentamiento de Kiryat Arba, en el este hasta el cementerio judío en el oeste. Como resultado de estas severas restricciones, 304 tiendas y almacenes a lo largo de la calle Shuhada han cerrado y las oficinas municipales y gubernamentales palestinas fueron trasladadas a la zona H1. Israel también tomó el control de la estación central de autobuses, convirtiéndola en una base del ejército. Las familias palestinas que siguen viviendo en la zona, para entrar en sus hogares deben hacerlo mediante entradas laterales, ya que no se les permite utilizar las entradas principales de la calle Shuhada. Cuando las entradas laterales no están disponibles, los residentes palestinos no tienen más remedio que subir las escaleras que conducen a los tejados de los edificios. El cierre de la calle Shuhada es un ejemplo de la limpieza étnica y apartheid que Israel impone no solo en el corazón de Hebrón sino en todo el territorio. Esta política ha traído consigo un incumplimiento grave y permanente de los derechos humanos de los palestinos. Pero lo que queda claro es la complementariedad entre un Estado que discrimina, aterroriza, viola leyes internacionales y niega los derechos humanos a los palestinos continuamente y no duda en utilizar a sus ciudadanos como herramienta para llevar a cabo estos actos. De este modo el circuito perverso se da entre un Estado que junto a sus colonos aterrorizan a los palestinos, un tribunal que no aplica la ley de manera igualitaria ysi algún engranaje no funciona siempre estarán a disposición los soldados para llevar a cabo la tarea sucia y aplicar lo inaceptable.
Fuente: www.stopthewall.org
