En lugar de caer en el círculo vicioso de intentar identificar taxativamente si determinada situación es normalizante o anti-normalizante, Gerardo Liebner -docente universitario y activista político en Tarabut-Hithabrut- propuso durante la entrevista concedida al Centro de Información Alternativa tomar como punto de partida la comprensión de la normalización como un aspecto de un proceso mucho mayor: la colonización.
Según Leibner, la normalización indicaría aquellos "procesos que tienden a consolidar las relaciones de colonización sionistas en los territorios palestinos ocupados (TPO)". Es decir, se ha normalizado cuando ha sido exitosa la consolidación de prácticas que aparentan mostrar algo anormal como normal. Por ejemplo, la presencia cotidiana de cientos de miles de colonos que residen en los asentamientos israelíes en los territorios palestinos ocupados y llevan una vida aparentemente normal.
El entrevistado remarcó que una de las grandes dificultades de combatir dicho proceso reside en el hecho de que la ocupación de los territorios palestinos, no se realiza a la distancia, con una metrópoli colonial ubicada a miles de kilómetros del territorio colonizado, sino que israelíes y palestinos se encuentran en el mismo territorio.
Esto implica que se encuentran "ligados cotidianamente en una serie de relaciones de intercambio y de dominación". ¿Por qué de intercambio? Porque se trata de "relaciones humanas muy íntimamente ligadas". ¿Y por qué de dominación? Porque "al mismo tiempo se rigen por leyes distintas, relaciones de poder muy claras. Por ejemplo, asalariados palestinos que se ven obligados a trabajar en colonias que están usurpando sus propias tierras y que a veces, como son seres humanos, toman un café junto a los colonizadores que los explotan y despojan", ejemplificó Leibner.
No resulta sencillo, entonces, luchar contra los aspectos más simples del intercambio humano, ya que la sociedad israelí y la palestina están involucradas en la cotidianeidad. "A una persona que la ves todos los días es difícil no decirle buenos días. Pero cuando en un ámbito de colonización se dice buenos días o sea se establecen relaciones humanas de reconocimiento mutuo se está normalizando, consolidando la presencia del colonizador y se están disfrazando las relaciones de poder que existe entre dominador y dominado", señaló Leibner.
Lo más nefasto de la ocupación en los territorios palestinos es que se trata de un proceso que está teniendo lugar en el aquí y el ahora. Sigue siendo una pregunta sin respuesta hasta qué punto se reconcilia la tensión entre la adaptación a una vida cotidiana y la no-normalización, ya que surgen tensiones y conflictos permanentemente. "Se va normalizando por la necesidad de los colonizados de trabajar, de vivir, de subsistir, y por las propias necesidades que arrastra a cientos de miles de personas a convertirse en colonos o usufructuarios de la colonización, simplemente para subsistir su vida cotidiana. La inmensa mayoría de los colonos proviene de los sectores más humildes de la sociedad israelí, gente pobre que busca solucionar su problema de vivienda (...) y tiene subsidios para vivir en los TPO. Y se normaliza cuando se pierde la conciencia de que ésos son territorios ocupados".
Según la mirada del activista de Tarabut-Hithabrut, no normalizar implicaría, para un israelí comprometido, "no utilizar los privilegios que tenemos de libre movilidad y expresión en los territorios palestinos para normalizar la superioridad israelí, sino revertir las relaciones de poder y aceptar la soberanía palestina, aunque no pueda ser físicamente ejercida en el terreno por los propios palestinos".
Dentro del margen de estrategias de anti-normalización por parte de la sociedad israelí, "la estrategia más fácil es la abstención: abstenerse de visitar los territorios ocupados, servir en los TPO con el ejército. Establecer una línea (como la Línea Verde) y no cruzarla, sólo para actos de solidaridad con los palestinos. Decir que es eficaz es engañarnos, es eficaz hasta cierto punto. Y deja de ser eficaz cuando las necesidades sociales empujan a la gente. El negarse a colaborar con el proceso de colonización de los Territorios Ocupados, puede convertirse en un privilegio social. Sólo quien tiene asegurada la cobertura de sus necesidades dentro del territorio del 1967 puede decir 'yo ahí no voy, yo ahí no participo´ (...) Pero políticamente, al menos es importante marcar en la conciencia de la gente que aun se ve obligada o se convierte en parte, en que tomen conciencia de la anormalidad".
Se trataría ante todo de una toma de conciencia de que el más simple intercambio humano se encuentra atravesado por relaciones de poder, identificando los procesos que disfrazan esas relaciones asimétricas "por medio de un halo de normalidad", y contrarrestando los intentos de recrear la ilusión de que se lleva una vida normal, cuando se trata de algo completamente anormal.