La cooperativa Olympia Food Co-op, de Olympia, Washington, ciudad natal de la activista Rachel Corrie, anunció la semana pasada que dejará de vender productos israelíes en sus supermercados, con lo que se convierte en el primer establecimiento de alimentos estadounidense en adoptar el boicot a Israel.
“El jueves pasado se celebró la reunión de miembros del consejo de administración, y un grupo bastante numeroso –en torno a 40 personas– presentó el proyecto del boicot, y respondió a nuestras preguntas”, explicó Rob Richards, un miembro de dicho consejo, al periódico Haaretz.
“Unos cuantos miembros del consejo de administración se mostraron preocupados por los posibles efectos económicos para la organización, pero estos son mínimos. Para mí, personalmente, existe un imperativo moral que va más allá de cualquier preocupación económica. Así que decidimos adherirnos al boicot, decisión que se ejecutó al día siguiente.”
Nueve de los diez miembros del consejo de administración votaron a favor de participar en el boicot internacional, de acuerdo con el periódico local The Olympian. “Mi opinión personal es que los boicots pueden ser instrumentos eficaces a la hora de cambiar gobiernos”, manifestaba Harry Levine, representante de los empleados en el consejo. “Personalmente, apoyo este boicot, y soy un judío estadounidense”, añadía.
De acuerdo con su propio sitio web (Olympia BDS), la organización que influyó en la decisión de la cooperativa es “una red comunitaria de ciudadanos de Olympia, Washington, que han respondido a la llamada de la sociedad civil palestina a un movimiento no violento y global de boicot, desinversión y sanciones contra Israel hasta que este país cumpla con las exigencias en materia de derechos humanos y derecho internacional”.
Olympia es la ciudad natal de Rachel Corrie, la activista del Movimiento de Solidaridad Internacional (ISM por sus siglas inglesas), asesinada por los tanques israelíes en la ciudad de Rafah, al sur de Gaza, en 2003. Sus padres aún viven en Olympia. Brian Baird, miembro de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, que ha visitado Gaza y es una de las voces críticas en Washington contra la ocupación de Israel, también procede de Olympia.
A propósito de los productos afectados, Rob Richards explicó que “hasta donde el sabe, afectará a cualquier producto israelí. Hemos hecho una excepción con ‘Peace Oil’, un artículo conjunto producido por agricultores palestinos. Cualquier artículo producido por una compañía que trabaje por mejorar las condiciones de los palestinos será excluido del boicot”.
Entre los productos israelíes retirados de las estanterías, se encuentran galletas sin gluten, cucuruchos de helado y una crema hidratante, según Levine.
En junio, un grupo de 800 trabajadores y activistas locales bloquearon las puertas de los muelles de Oakland, California, provocando que los trabajadores portuarios se negaran a cruzar los piquetes, y evitando la descarga de un barco israelí atracado. Otro paso valiente para el creciente movimiento de boicot que está teniendo lugar en Estados Unidos.
Esta semana, los activistas de la asociación Jewish Voice for Peace (Voz Judía por la Paz) en Nueva York están preparados para acudir armados con miles de firmas a la reunión anual que la compañía aseguradora TIAA-CREF celebrará el martes en su sede central. TIAA-CREF (iniciales inglesas de “Asociación de Seguros y Anualidades para Maestros – Fundación de Renta de Jubilación”) es una de las mayores compañías de servicios financieros de Estados Unidos, con un capital de más de 300 mil millones de dólares.
Jewish Voice for Peace ha recogido más de 12.000 firmas, en un esfuerzo de persuadir a la compañía de desinvertir de compañías de las que –según declara la asociación– “se aprovechan de la ocupación israelí de la Franja de Gaza y Cisjordania, incluido Jerusalén Oriental.” Más específicamente, se refiere a Caterpillar, Elbit, Motorola y algunas otras empresas, que, tal y como argumenta Jewish Voice for Peace, “se benefician de la violación del derecho internacional mediante la demolición de hogares, la destrucción de huertos de subsistencia, la construcción de carreteras y vías que sólo pueden usar los israelíes, el asesinato de civiles desde aviones no tripulados, y otra muchas injusticias”.
Traducido al castellano por M.L. Borges para el Centro de Información Alternativa (AIC), Jerusalén.
