Miércoles 08 de Febrero, 2012
Economy of the occupation

Percusión pacífica

Sábado 04 de Febrero de 2012 01:21 Luz Welles para el Centro de Información Alternativa
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La primera respuesta provocó un giro en el enfoque que asumiera la entrevista.

"¿Por qué te opusiste a servir en el Ejército?"

"Deberíamos preguntarnos por qué acaso las personas sirven en el Ejército. Todos preguntan por qué te opusiste, pero nadie se cuestiona qué tiene de deseable enlistarse en el Servicio Militar".

Naturalizado e internalizado como se encuentra el mandato obligatorio de enlistarse en las Fuerzas de Defensa Israelíes a partir de los 18 años, este hecho pareciera impedirnos realizar la pregunta contraria o bien incluso convencernos de dar por asumida la posible respuesta.

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Uri Agnon en una manifestación en Bil´in con su banda de percusionistas "Samba" como forma de resistencia pacífica. 31-12-2010. Foto: Noa Bachner/Flickr

Podríamos entonces cuestionarnos cuántos desean fervientemente servir a las Fuerzas Armadas, o bien cuántos se han auto-convencido fervientemente de desear hacerlo.

Hay quienes con valentía -¿o sentido común? ¿o falta de sentido común, común al de la mayoría de los israelíes?- se oponen, pagando el alto precio que factura una sociedad a quienes se atreven a mostrar atisbos de acciones que pueden provocar fracturas en el statu quo de la misma.

¿Cuáles son entonces las opciones para quienes se rehúsan a servir en el ejército, ya sea por oposición política, pacifismo, temor, obstáculos económicos, impedimentos físicos o psíquicos?

Escasos casos han sido eximidos del ejército en base a argumentos pacifistas. Para ello, es necesario que el objetor de conciencia, quien se opone a cumplir con el servicio militar por considerarlo contrario a sus convicciones y creencias, se enfrente al llamado Comité Militar de Objeción de Conciencia, el cual determinará cuán fehaciente es su argumentación.

La declaración de Uri Agnon pasó la prueba de fuego. En la entrevista concedida al Centro de Información Alternativa, el joven señaló que el secreto está en la oratoria. No sólo se debe ser un fidedigno pacifista, sino que también se debe saber expresarlo, y sobre todo, poder convencer de ello a un comité conformado únicamente por militares, al parecer, expertos en la detección de genuinos pacifistas.
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Uri Agnon en una manifestación en Bil´in con su banda de percusionistas "Samba" como forma de resistencia pacífica. 31-12-2010. Foto: Noa Bachner/Flickr

La descreencia de cualquier forma de violencia define esencialmente a un pacifista. Creer que si no existiese la Ocupación Militar en los territorios palestinos significaría enlistarse en el ejército es dejarnos llevar por la dirección contraria. Ya que no se trata de rechazar enlistarse en el Ejército Israelí, sino de oponerse a formar parte de cualquier ejército del mundo.

Así, la decisión de no enlistarse se vincula con una crítica estructural al sistema, en la que la Ocupación Militar no es el único punto esencial, sino una pieza más de un engranaje monstruoso.

La mayoría de las declaraciones de quienes rechazan enlistarse por motivos políticos fracasa frente al Comité Militar: una vez que expresan que la Ocupación es el principal motivo de oposición, sus declaraciones son rechazadas.

¿Existe entonces una delgada línea entre quien rechaza por oponerse a la Ocupación y quién lo hace por ser pacifista? Pareciera que el Comité considera que todo aquel que rechaza servir por oponerse a la Ocupación presenta una declaración de oposición a una política en la particular, la de la Ocupación.


Si el Comité falla a favor de un pacifista, ¿esto significa que dicha persona realizó una declaración "no política"? Según la mirada de dicho Comité, ¿es acaso el pacifismo un tipo de declaración apolítica? ¿Existe, ante los ojos del mismo Comité, una diferenciación entre un argumento político y uno moral?

"El Pacifismo sí es político. Porque política implica la forma en que vivimos en la sociedad... y el pacifismo afecta la forma de comportamiento en todos los aspectos diarios de la vida. No implica únicamente no ir al ejército, sino evitar la violencia en distintos aspectos", explica Uri.

Y más allá de su vegetarianismo, el cual indudablemente representa una forma más de expresión en otro plano de sus convicciones políticas, el músico activista no visualiza el pacifismo sin justicia social, ya que la desigualdad social, producto de un sistema económico neoliberal excluyente, también es violencia. Su visión anarco-pacifista lo lleva a un cuestionamiento y rechazo de cualquier forma de violencia, proveniente tanto del Estado como de instituciones como la policía y el ejército.

Estudiante universitario de composición musical y filosofía, enseña desde hace 4 años música en una escuela de un barrio desfavorecido de Jerusalén, además de colaborar en "New Profile", movimiento por la Civil-ización de la Sociedad Israelí, y asistir a quienes necesitan información u orientación respecto al no enlistamiento en el ejército.

Junto a los cada vez más numerosos jóvenes que se oponen a servir en el ejército, Uri Agnon debe ser indudablemente considerado un traidor de su patria ante las miradas de innumerables israelíes. Si bien contó con un apoyo incondicional de su familia, cuyos padres son de clara inclinación política de izquierda y su hermana mayor había rehusado a servir antes que él, su decisión le trajo costos a nivel social. No fue una sorpresa para su círculo de amigos más cercanos, incluso para uno de ellos quien fuera testigo frente al Comité. Irónicamente, éste último con una postura política contraria a la suya, residente de un asentamiento, y con una carrera militar en el ejército. Sin embargo, su decisión sí ocasionó la ruptura de numerosos vínculos sociales de quienes no concordaban con su decisión.

Supo encauzar ingeniosamente su habilidad e inclinación artística al servicio de la demanda de justicia social. Ve en la música la herramienta ideal de resistencia pacífica. Luego de ser eximido de realizar el Ejército, conformó "Samba", que agrupa a percusionistas, quienes se hacen escuchar en manifestaciones y otros eventos políticos. Estructura de banda musical también presente en otros lugares del mundo, sus tambores son un medio, y no el fin, de la resistencia no violenta.
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Uri Agnon en una manifestación en Bil´in con su banda de percusionistas "Samba" como forma de resistencia pacífica. 31-12-2010. Foto: Noa Bachner/Flickr


 

 

Por la Civil-ización y la no Militar-ización

Sábado 04 de Febrero de 2012 01:20 Luz Welles para el Centro de Información Alternativa
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Siempre supo que no se enlistaría en el Ejército. Su entorno familiar combinado con un contexto socio-político que impone una toma de postura temprana, llevaron a que Sahar Vardi internalizara desde muy joven un rechazo a la violencia en todas sus formas.

Convencida de que no quería formar parte del Ejército Israelí, tuvo que decidir qué forma concreta adoptaría su oposición: apelar al Comité Militar de Objeción de Conciencia, el cual exime a pacifistas, o bien realizar una declaración política, consciente de las implicancias que dicha decisión acarrearía.

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Manifestación en apoyo de la objetora de conciencia Sahar Vardi fuera del Centro de Reclutamiento del Ejército en Tel Aviv. El grupo Shministim está formado por alumnos del último año de la escuela secundaria quienes se niegan a servir en el Ejército como objetores de conciencia a la Ocupación. 28-8-2008. Foto: Keren Manor/Activestills

Si bien el Servicio Militar es obligatorio para los israelíes, a excepción de quienes provienen de comunidades árabes, beduinas y ortodoxas, numerosos ciudadanos se rehúsan a servir en las Fuerzas de Defensa Israelíes. Los motivos y forma que adopta dicho rechazo son variados, vinculados con una toma de posición desprendida de todo el espectro político.

El Comité de Objeción de Conciencia es una comisión militar a la que apelan quienes rehúsan a enlistarse en base a una postura pacifista. La sesión de Sahar Vardi duró 15 minutos y su petición de ser eximida fue rechazada: consideraron que su argumentación contenía un tinte político y no cuadraba en el concepto de pacifismo que mantiene dicha comisión, conformada irónicamente por oficiales del Ejército.

La oposición de Sahar Vardi de servir en el Ejército trasciende el rechazo a la Ocupación Militar Israelí en los territorios palestinos, y se desprende en realidad de una crítica holística a la Institución Militar en su conjunto. De este modo, la Ocupación es tan sólo una pieza dentro de un complejo entramado de relaciones de un sistema aún mayor: la militarización de la sociedad civil.

Para los ojos de esta joven no hay diferencia entre quienes dan una orden y quienes la obedecen, quienes se dedican a tareas estrictamente militares y quienes no: "no creo que haya diferencia entre quienes están en un Checkpoint y quienes sirven café al Oficial que da la orden de estar en el checkpoint", declaró la joven de 21 años en la entrevista concedida al Centro de Información Alternativa. En el área educativa, por ejemplo, los soldados adoptan el rol de educadores: "Si bien nada de lo que hacen es militar, sí se vincula con la militarización de la sociedad civil ya que los soldados ingresan a las escuelas para enseñar a los niños".

Además de su crítica por la jerarquía propia de cualquier ejército, su activismo feminista la lleva a juzgar el tono sexista de dicha institución, la cual mide a los ciudadanos según criterios de masculinidad. Si bien el Ejército Israelí permite enlistar mujeres interesadas en combatir en el frente de batalla, el estereotipo del rol del hombre combatiente sigue siendo fuertemente idealizado por la sociedad civil.

Cuando llegó el día del llamado a filas, momento en el que Sahar debía presentarse en la base militar correspondiente para comenzar a ejercer funciones como soldado, lo hizo acompañada de una manifestación de personas apoyando su rechazo. A partir de ese momento, Sahar se opuso a realizar las tareas que debía y seguir el procedimiento correspondiente en su primer día de enlistamiento.


Consecuentemente, fue juzgada como soldado que se rehúsa a seguir órdenes y no como ciudadana civil que se opone a enlistarse en el Ejército. Pasó dos meses en la cárcel sumado a otros tres meses en el Centro de Detención, el cual "es mejor que la prisión porque no tiene un régimen estricto ni horarios fijos de cuándo limpiás, cuándo comés, ni hay que formar filas por horas. En el Centro de Detención mantenés tu teléfono y tu propia ropa".


Fue liberada una vez que le diagnosticaron problemas de salud mental. "No es difícil expresar depresión luego de haber pasado cinco meses en la cárcel".


Teñida de fuertes contradicciones, su vida familiar pareciera poner lupa sobre un fenómeno extendido a nivel social. El hecho de que su padre se haya perdido su primer cumpleaños en 1991 por encontrarse en la cárcel debido a su oposición a servir en el Ejército durante la primer Intifada, contrasta con la prometedora carrera profesional militar de su hermano, para lo cual Sahar declara con agudeza: "Hemos acordado estar en desacuerdo".
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"Liberar a los presos de conciencia". Manifestación en apoyo de la objetora de conciencia Sahar Vardi fuera del Centro de Reclutamiento del Ejército en Tel Aviv. El grupo Shministim está formado por alumnos del último año de la escuela secundaria quienes se niegan a servir en el Ejército como objetores de conciencia a la Ocupación. 28-8-2008. Foto: Keren Manor/Activestills

Más que una desventaja, su oposición a servir en el Ejército ha sido un punto a favor para el tipo de actividad profesional de su interés. Actualmente estudiante de Historia y Educación, colabora además con el asesoramiento y orientación de otros jóvenes que tal como ella hizo en 2009, se oponen a enlistarse o bien una vez enlistados, desean dejar de cumplir funciones en el Ejército, por el motivo que fuese, en el marco de "New Profile", el movimiento por la Civil-ización de la Sociedad Israelí.

Interesante resulta el caso de los llamados "rechazadores económicos". Si bien el Ejército cubre los costos de quien se enlista, son numerosas personas que deben hacerse cargo de sus familias y que por lo tanto no pueden afrontar los costos de ir al Ejército.

Audazmente tomó la decisión de realizar una declaración política como rechazo a enlistarse en el Ejército, asumiendo conscientemente que debía entonces cumplir con una condena en la cárcel. Acompañada de un marco estratégico, su decisión se proponía acercar el debate de la Ocupación a la sociedad civil, provocando un cuestionamiento desde otra perspectiva: "Hay jóvenes israelíes que están tan horrorizados por lo que sucede en los Territorios Ocupados, que prefieren ir a la cárcel en lugar de formar parte del Ejército Israelí", declaró la joven de 21 años en la entrevista concedida al Centro de Información Alternativa.
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Sahar Vardi camina acompañada de su padre hacia el centro de reclutamiento del Ejército para anunciar su rechazo a enlistarse. En el fondo, el cartel dice: "Nosotros no disparamos, no lloramos. Nos negamos a ser asesinos". Manifestación en apoyo de la objetora de conciencia Sahar Vardi fuera del Centro de Reclutamiento del Ejército en Tel Aviv. El grupo Shministim está formado por alumnos del último año de la escuela secundaria quienes se niegan a servir en el Ejército como objetores de conciencia a la Ocupación. 28-8-2008. Foto: Keren Manor/Activestills

 


Centro de Información Alternativa (AIC), Jerusalén.

 

 

Soldados que se insubordinan

Viernes 03 de Febrero de 2012 20:32 Alejandro Stein
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Se me pidió que escriba mi opinión sobre los soldados que se niegan a prestar servicio en los territorios ocupados. Tema difícil, porque hay que aclarar los tantos: Hoy en día la insubordinación no es exclusividad de la izquierda. Están los compañeros que se siguen negando a prestar servicio en los territorios ocupados, pero están también los no compañeros, que se insubordinan negándose, por ejemplo a desalojar un asentamiento ilegal, y los otros no compañeros, que pueden levantarse y retirarse en medio de un acto militar, porque se niegan a estar presentes, Dios libre y guarde si canta una mujer, fuente de tentación si las hay.

El escritor israelí Iorám Kaniuk, declaró en una oportunidad (citado esto por el argentino Osvaldo Bayer) que donde hay religión no hay democracia. Partamos de la base que los colonos judíos que habitan los territorios palestinos, reivindican su posesión en base a que le fueron otorgados al pueblo judío por Dios. Y citando a la Biblia, y llevando el cumplimiento de sus preceptos a extremos a los que nunca se debe haber llegado durante la época en que este libro fue escrito, o durante la que transcurre el relato, es que algunos soldados religiosos se niegan a estar presentes en actos en los cuales cantan mujeres soldados.
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Plan de retirada unilateral israelí de Gaza. Muchos soldados se negaron a evacuar a colonos de sus casas.

¿Qué es lo que defienden los soldados que se niegan a desalojar asentamientos ilegales? La Tierra Prometida, los preceptos bíblicos, el lugar de los judíos como pueblo elegido, y toda una parafernalia de designios sagrados y altisonantes. En la Biblia se basan también los soldados religiosos que se niegan a escuchar, o a dejarse tentar por las seductoras voces femeninas.

Es esta la población judía para la cual la religión está antes que la democracia, y es esta la población cuyo valor en mandatos en el Parlamento israelí es más o menos unos 35 diputados, incluyendo los partidos religiosos ultra ortodoxos, cuyos miembros no hacen el servicio militar, porque estudiar la torá es su manera de proteger al pueblo de Israel. Son estos los 35 mandatos que hacen que la mayoría de los gobiernos israelíes de Rabin hasta acá, cinismo y realpolitiks mediante, nunca se hayan sentado seriamente a hablar de paz con los Palestinos. El problema de los Palestinos con sus propios partidos de derecha y religiosos que le impiden a Abu Mazen moverse es tema para otro momento.

Vamos ahora a ver cuál es la motivación en general del soldado que se niega a prestar servicio en los territorios. Nosotros, en mi opinión, a diferencia de la derecha, que en su mayoría está guiada por sus rabinos, no estamos organizados. El prestar o no servicio, el negarse a prestarlo o no, es un tema muy personal, muy individual, y muy de conciencia de cada uno. Existe una posición ideológica básica común a todos los compañeros de negarse a sustentar una política que en mi opinión a mediano o largo plazo puede ser catastrófica para el país, colonialista, el negarnos a ser parte de un ejército de ocupación, pero tan importante como eso, y desde mi punto de vista inclusive más, está el factor del respeto hacia uno mismo, hablando simplemente, de poder mirarse al espejo sin sentirse mal. Todo se reduce a un problema de límites y de conciencia. Cuando se produce un vacío ideológico o una relajación de los valores, es uno mismo el que tiene que fijarse sus propios límites. Y yo creo que nosotros, mucho más que el otro extremo nos los fijamos, nos cuestionamos. La derecha, especialmente los grupos mesiánicos ultra religiosos no se cuestionan, en su mayoría se limitan a seguir las instrucciones de la Biblia, de sus rabinos, o de ambos dos. Nosotros podría decirse que en un acto de auto conservación, defendemos nuestra propia dignidad, el respeto por nosotros mismos. Por supuesto que también defendemos el derecho a la autodeterminación de otro pueblo, establecemos una posición política, pero fundamentalmente es algo muy personal, que excede lo político.

Los preceptos sagrados y los derechos religiosos que ellos defienden son los que en definitiva van a llevar a la sepultura de la democracia, al apartheid, al racismo, y a tratar de crear una nueva raza de señores, esta vez no aria, sino judía, porque es cierto lo que dijo Ioram Kaniuk. Mi conclusión es que la insubordinación, que es en definitiva una toma de posición política, tiene, tanto en un lado como en el otro, una motivación muy personal en la izquierda, y una motivación religiosa y mesiánica en la derecha.

La paradoja: Nosotros insubordinándonos defendemos exactamente lo opuesto que lo que defienden los religiosos o los militantes de la extrema derecha que se insubordinan.
 


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