
La mezquita de Tuba Zabghariya en Galilea después del incendio (Foto: Cortesía ActiveStills.org)
El incendio reciente de una mezquita en la población beduina de Galilea Tuba Zanghariya el pasado domingo (2 de octubre) fue solamente otro ejemplo de cómo estos llamados price-tags (el nombre que los medios israelíes dan a las represalias de los colonos a cualquier demolición o arresto en los puestos de avanzada o asentamientos en Cisjordania) ya no sólo se limitan a los territorios palestinos ocupados. "Mientras que los ataques en mezquitas de Cisjordania se han convertido lamentablemente en la norma en los últimos años, un ataque a una mezquita de un pueblo israelí es bastante raro, particularmente en una población beduina como Tuba Zanghariya, donde sus residentes sirven en las IDF", publicó esta semana con asombro el Jerusalem Post.
De repente, las denuncias y las advertencias que las organizaciones de derechos humanos y miles de víctimas palestinas repiten semana tras semanas son escuchadas con interés en Israel. Durante las últimas dos décadas las autoridades israelíes han armado y a veces entrenado a los colonos de Cisjordania y les han otorgado total libertad para moverse, acosar e incluso matar a civiles palestinos. Una semana después del ataque en Tuba Zanghariya, las autoridades israelíes anunciaron la detención de un sospechoso. Un cambio con respecto a los anteriores price-tags.
La falta de pruebas no es el problema. En cada escena del crimen, los atacantes dejan una firma clara como "Migron para siempre" o "Migron = Justicia social", en referencia a Migron, el puesto de avanzada judío en las afueras de Jerusalén, en donde los soldados israelíes siguieron una orden judicial y desmantelaron tres casas a principios de septiembre. Del mismo modo, las IDF reconocieron que los atacantes que destrozaron la base militar israelí cerca de la ciudad de Ramala después de la operación en Migron, contaron con la complicidad de algunos reclutas. No obstante, aún no se ha anunciado ninguna investigación.
Por el contrario, las fuerzas israelíes arrestaron 20 palestinos israelíes de unos veinte años que protestaban en Tuba Zanghariya los días posteriores al ataque contra la mezquita. Los acusaron de disparar al aire y prender fuego a una parte del consejo regional de la población, una instalación médica local y un centro comunitario. Lo mismo pasó en la ciudad cisjordana de Qusra, cerca de Nablus, después que su mezquita fuera incendiada justo después de la operación en Migron. No hubo colonos arrestados, pero las fuerzas israelíes fueron especialmente rápidas a la hora de reprimir a los palestinos en las posteriores protestas locales.
Ahora las alarmas comienzan a sonar en los medios de comunicación israelíes y entre algunos intelectuales, pero el gobierno de Benjamin Netanyahu sigue haciendo caso omiso a la creciente amenaza. En septiembre el Shin Bet le sugirió al Ministerio de Educación recortar los fondos para la yeshiva (escuela religiosa) del asentamiento de Yitzhar, una colonia judía cerca de Nablus conocida por su extremismo y sus formas violentas.
Un mes antes, el ejército israelí había emitido una orden de restricción de 12 colonos de ese asentamiento por participar en "actividades violentas y clandestinas" contra la población palestina de Cisjordania. Los cargos incluyeron incendiar mezquitas, vehículos y edificios, y los residentes de la vecina población palestina de Asira El Obilya han denunciado repetidamente que jóvenes enmascarados irrumpen asiduamente en la ciudad con palos y piedras, intimidando a la gente. Incluso hay imágenes del jefe de la yeshiva, Rabbi Yitzhak Shapira, acompañando a estudiantes, mientras estos lanzan piedras a las poblaciones palestinas y a sus residentes.
Mientras tanto, el gobierno israelí, un firme partidario y un abierto promotor de la causa colona, sigue eligiendo permanecer en silencio.
