Jueves 17 de Mayo, 2012

Libertad de culto en llamas

Jueves 06 de Octubre de 2011 16:49 Luz Welles para el Centro de Información Alternativa (AIC)
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El reciente incendio provocado en la madrugada del lunes 3 de octubre de una mezquita en Tuba-Zangariyye, un poblado beduino ubicado al norte de Israel de 5.500 habitantes, ha despertado una contundente condena oficial y religiosa. Tanto el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, el presidente Shimon Peres, los dos principales rabinos israelíes ashkenazi y sefaradí, Yona Metzger y Shlomo Amar, como varios líderes judíos estadounidenses, entre ellos el director de la Liga Anti-Difamación, Abraham H. Foxman, y el presidente y vicepresidente de la Unión Americana de Congregaciones Judías Ortodoxas de Estados Unidos, Simcha Katz y Steven Weil, han expresado su máximo repudio, aclarando distanciarse del atentado perpetrado presuntamente por extremistas judíos.

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"Precio a pagar" escrito en hebreo en la pared de una mezquita.

Además del severo daño provocado a la mezquita, en el que ardieron en llamas libros y objetos sagrados para el Islam, distintos grafitis cubrieron las paredes en su interior. La palabra en hebreo "precio a pagar" reveló la autoría del crimen, mientras que las palabras "venganza" y "Palmer" uno de sus motivos, asumiendo una referencia a Asher Hillel Palmer y su hijo Yonatan, residentes del asentamiento Kiryat Arba, quienes murieron en un accidente automovilístico el pasado 23 de septiembre luego de que su auto fuera apedreado cerca de la ciudad Halhul de Cisjordania. Ante el incendio de la mezquita, decenas de jóvenes beduinos manifestaron en Tuba-Zangariyye, bloqueando calles, incendiando neumáticos y lanzando piedras, provocando un enfrentamiento con la policía la cual respondió con gases lacrimógenos. Según lo publicado por distintos medios, las fuerzas de seguridad se encuentran en estado de alerta máxima por temor a una escalada de la violencia, ya sea por actos vengativos por parte de la población árabe como por parte de judíos extremistas, especialmente en las ciudades mixtas israelíes de poblaciones judía y árabe.

En los últimos años, el eslogan "precio a pagar" ha acompañado actos de vandalismo cometidos por colonos tanto contra la población palestina como contra las Fuerzas de Seguridad Israelíes en Cisjordania. El término ha sido acuñado por ellos mismos explicando su sentido en entrevistas realizadas en diversos medios de comunicación. El "precio a pagar" implica la represalia contra cualquier acción de las autoridades israelíes percibida como posible amenaza contra los asentamientos o seguida de la violencia perpetrada por palestinos contra los colonos (Ver informes de B´Tselem al respecto). Por lo general, las fuerzas de seguridad israelíes han intervenido demasiado tarde y dichos actos no han sufrido abiertamente una rechazo oficial, como el incendio del pasado 5 de septiembre de la mezquita de Qusra, al sur de Nablus, acto cometido bajo el mismo eslogan. Sin embargo, Israel, como fuerza ocupante de Cisjordania, tiene la obligación de mantener el orden público y proteger la seguridad de los residentes palestinos, tal como se dictaminó en una resolución de la corte suprema: "la protección de la seguridad y la propiedad de los residentes locales es una de las obligaciones más básicas dispuestas por el comando militar en el campo" (HCJ 9593/04 Murar et al. v. IDF Commander for Judea and Samaria et al.).

La gravedad de los hechos permite plantearnos ciertos interrogantes. Vale cuestionarnos por el sentido de la venganza. Los actos de vandalismo cometidos bajo el eslogan "precio a pagar" enarbolan abiertamente la bandera de la venganza, advirtiendo de antemano que cualquier acción oficial que amenace la estabilidad de los asentamientos será respondida con un acto de represalia. Es decir que dichos incidentes forman parte de un claro patrón de comportamiento, por lo que son predecibles y consecuentemente, prevenibles. Tanto el incendio provocado de la mezquita, como el hecho de que se difunda en los medios masivamente que la policía israelí espera y se prepara para posibles actos en represalia por parte de la población árabe, nos lleva a pensar que eternamente existirán motivos que impulsen a cometer actos vengativos. Ahora bien, ¿es posible detener la venganza? ¿Acaso dicho acto puede reparar el daño o revivir al muerto? ¿Qué tipo de acciones previene el acto de incendiar una mezquita? ¿A quién defiende? ¿Qué relación tiene con la justicia?

Ya que previamente la violencia de los colonos no ha sufrido tal condena masiva, llama la atención y contraste la fuerza con la que se ha rechazado desde el podio oficial y religioso el ataque a la mezquita en Tuba-Zangariyye. Básicamente, porque esta vez ocurrió en suelo israelí. En un sensible contexto político, en el que el Estado Palestino se encuentra a la espera y expectante de ser reconocido internacionalmente, resulta imprescindible ante los ojos de la comunidad internacional que Israel condene este tipo de actos y destaque la humillación que implica que un crimen de esta índole tenga lugar en su territorio, un país que se autoproclama defensor de la libertad de culto y religión, tal cual como lo expresó el primer ministro.

Podríamos pensar que la reacción de repudio masivo significa no sólo lo políticamente correcto, sino que además lo religiosamente correcto. Resulta inmensa la deshonra que implica que los autores del ataque –autodenominados judíos– perpetren un crimen de tal magnitud durante días tan especiales para el judaísmo, entre las festividades de Año Nuevo y el Día de la Perdón, período de profunda reflexión e introspección en que se juzgan los propios actos realizados y se pide disculpas, ante Dios y las demás personas. El presidente israelí expresó la vergüenza que genera esta crimen reclamando que los actos de sabotaje de la relación entre israelíes y sus vecinos y entre las diferentes religiones que viven en Israel, deben ser condenados.

El fuego ha sido frecuentemente símbolo de purificación. Las hogueras en las que históricamente ardían "herejes" cumplían la misión de purificar lo considerado impuro. Ahora bien, cuando una mezquita arde en llamas, ¿qué es lo impuro que se busca purificar? ¿Lo que se nos opone? ¿Lo que nos resulta distinto? ¿Lo que nos perturba? Sobre todo, incendiar un templo religioso implica atacar la identidad cultural y religiosa que está representada en dicho templo. No es sólo el daño material, sino el intento de aniquilar la fe y la espiritualidad, que hacen al fundamento de las creencias de nuestra propia identidad.

En este presente del pedido de reconocimiento del Estado Palestino, en este mismo presente del Año Nuevo al Día del Perdón judío, este acto es síntoma de racismo y negación del Otro. Las imprescindibles condenas masivas del atentado por parte de las autoridades políticas y religiosas, ¿no están mostrando a su vez un sentimiento culposo, que no sería otra cosa que reconocer la omisión del derecho de los palestinos?

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