El objetivo de los activistas era solidarizarse con la familia palestina El-Rifai, que lucha por su tierra en la que vive desde hace generaciones (el abuelo de la familia está enterrado en esa tierra) y que hoy se encuentra ocupada. Durante los últimos años, la familia ha sufrido numerosos ataques por parte de los colonos. La familia los ha denunciado varias veces, pero sus denuncias no han tenido ningún efecto. Por eso decidieron contactar a grupos de activistas para que los ayuden a defender conjuntamente su propiedad.
Lo primero que hicieron los activistas cuando llegaron fue tomar té con la familia y comer juntos. Decidieron, sin éxito, plantar algunos árboles y una bandera palestina en el terreno de la familia. Los árboles eran un símbolo de protesta porque esa zona fue robada ilegalmente a los palestinos.
Al cabo de un rato, Yasin, el propietario del terreno, recibió la llamada del oficial de seguridad del asentamiento vecino, amenazándolo: "Hay gente que quiere venir y haceros papilla, si esto es lo que queréis, dejad la bandera donde está". Después de la advertencia, siete coches de la policía y del ejército se estacionaron en la carretera principal. Estuvieron allí durante media hora. Más tarde llegaron varios vehículos privados y los coches de la policía y del ejército desaparecieron, excepto uno. Los hombres que estaban en los vehículos privados eran colonos. Cuando se fueron las fuerzas de seguridad públicas, salieron de los coches y se dirigieron hacia los activistas.

Foto: Sheikh Jarrah Solidarity Movement
Era casi el mediodía cuando los colonos empezaron a atacar a los activistas con piedras, palos y lanzando puñetazos. El resultado: numerosos heridos, cuatro personas hospitalizadas en el Centro médico de Hadassa Ein Karem y varias cámaras de video dañadas. A uno de ellos, el propietario de la parcela, le habían abierto la cabeza y también habían atacado a su mujer. Hoy todos ya se encuentran estabilizados. Los heridos son activistas israelíes y palestinos.
Además, cuatro activistas fueron detenidos; mientras que todos los colonos volvieron sin problema al asentamiento. Algunos de los colonos vestían camisetas de la policía, lo que hace suponer que algunos de ellos forman parte del cuerpo de seguridad, aunque no estaban de servicio en el momento del ataque. Es sabido que varios habitantes de este asentamiento trabajan en la Policía y en el Ejército; algunos de ellos son oficiales retirados.
Según Andrey, un activista que fue testigo del ataque, la policía no hizo nada para detener la agresión de los colonos, solamente observó lo que pasaba. Cuando los activistas eran agredidos, relató al AIC, pidieron ayuda a los policías presentes, pero ninguno de ellos les hizo caso.
Por la tarde, un grupo más grande de activistas, unos 30 ó 40, decidió solidarizarse con las personas que habían sido víctimas del ataque. Se manifestaron en la puerta del asentamiento y, de nuevo, los colonos no dudaron en atacarlos. El grupo esta vez era más grande, unos 300 colonos. El resultado fue aún peor que a la mañana: diecinueve activistas heridos, tres de ellos hospitalizados. Además, dañaron algunos coches de los activistas que estaban aparcados fuera del asentamiento. Como había sucedido a la mañana, solamente había un coche de policía en el lugar y no hizo nada.
