Jueves 17 de Mayo, 2012

Unidad de lucha en lugar de normalización

Jueves 09 de Febrero de 2012 23:05 Nassar Ibrahim
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La importancia del tema se debe a que implica el diálogo de religiones, de civilizaciones, del este y el oeste, de los palestinos y los israelíes ... Todas estas cuestiones tratan de distorsionar y separar el verdadero problema de sus causas y raíces, como si los problemas y los conflictos fueran simplemente un malentendido; como si el simple hecho de sentarse alrededor de una mesa, comer y beber, proporcionara la denominada "buena fe" con la que se acabará con todos los problemas; como si el equilibrio y las relaciones de poder que rigen los conflictos y las contradicciones no estuviera bajo la mesa de diálogo. El objetivo de semejante método es eliminar la idea de resistencia como una estrategia, condición y herramienta necesaria para proteger y alcanzar los derechos políticos. En este contexto surge el concepto de normalización y sus funciones políticas, culturales, psicológicas y prácticas.

• El concepto: el debate se refiere al concepto de "normalización" que tiene su origen con la firma de los Acuerdos de Camp David entre Egipto e Israel, en 1979, y que significó el establecimiento de relaciones políticas, económicas, culturales sociales y académicas normales entre los países árabes e Israel antes de alcanzar una paz justa y total. En este sentido, el proceso de normalización con Israel consistió en el establecimiento de relaciones normales en un contexto de condiciones anormales, como si se requiriera primero que Israel se convirtiera en un país normal para hacer frente a la construcción y establecimiento de relaciones; como si Israel no siguiera actuando contra sus ciudadanos, sin abandonar sus políticas de agresión, ocupación y racismo.

• Normalización: la derrota y la ocupación de la conciencia: la cultura de derrota fue la incubadora y la fuerza impulsora de la derrota política y de sus ejercicios prácticos, gracias a la implicación de las fuerzas políticas dominantes árabes y palestinas en los procesos de subordinación impuestos por los vencedores. Todo esto se ha llevado a cabo por medio de un continuo de respuestas y concesiones que afectan la esencia de los derechos nacionales árabes y los principios de los derechos nacionales de los palestinos. Las consecuencias de este proceso han lesionado la legitimidad de las fuerzas dirigentes árabes y palestinas y finalmente las ha llevado a la crisis.

Lo que es incluso más peligroso es que el poder dominante en el movimiento nacional palestino ha comenzado a incorporar y someter a la lógica y a las condiciones de la parte victoriosa por medio de un proceso gradual y acumulativo. Esto se ha puesto de manifiesto por medio de una constante cuidadosa atención y concesiones con las que se ha golpeado el núcleo de los derechos nacionales palestinos. Esto ha afectado gravemente su condición y legitimidad, y ha llevado al movimiento nacional a una crisis.

El pobre desempeño de la dirigencia palestina ha sido el marco de comportamiento político y cultural que ha dominado a los palestinos en términos de negociación de la derrota. Es como si fuera el fin del camino, incluso si ello contradice la esencia del concepto y las condiciones para una paz y una solución justa. Esto se pone en evidencia de forma clara en las respuestas de las partes palestina y árabe (Acuerdos de Camp David, Oslo, Protocolo de Hebrón, Acuerdo de Seguridad de El Cairo, Protocolo Económico de París y por último, Hoja de Ruta) a pesar de que estos proyectos no reúnen las mínimas condiciones necesarias para acabar con la ocupación y para instaurar una paz justa y total en toda la región.

La referencia cultural de este comportamiento muestra que se trata de una vuelta a la cultura del sometimiento al status quo. Desde el momento en que el 99% del poder para una solución se encuentra en manos de Israel y su aliado EEUU, cualquier actuación de la élite política árabe fuera de la estrategia de esa ecuación es considerada como un comportamiento extremista, no realista e irracional.

En la medida en que esta cultura política impide a árabes y palestinos presionar, e invertir con eficacia en la resistencia popular palestina y en la oposición, se contribuye a alimentar la arrogancia de la otra parte. Se refuerza una cultura y un comportamiento de condescendencia y una negativa a aceptar incluso la más mínima de las posiciones de la parte derrotada. En consecuencia, Israel se niega a reconocer al otro y, como una solución, trabaja para eliminarlo y para aniquilar todos sus derechos. Al final, para los palestinos, la única opción válida es el sometimiento total a las condiciones del vencedor. Esto debe ser tenido en cuenta al analizar la cultura política que ha dado origen a las prácticas políticas israelíes.

Traducido por R. García para el Centro de Información Alternativa (AIC), Jerusalén.
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