Debido al reciente triunfo de los Hermanos Musulmanes en las elecciones parlamentarias de la cámara baja, emerge inevitablemente el interrogante acerca de qué postura adoptarán tanto en relación a las demandas sociales internas como al conflicto palestino-israelí.
¿Promoverán una verdadera transformación tanto en la política doméstica con las tan ansiadas mejoras socio-económicas así como en su política exterior con un apoyo incondicional a la causa palestina, o se tratará por el contrario de una efímera reforma cosmética, para lo cual ya nada los diferenciará del período de Mubarak?
Hasta el momento, han dado señales contradictorias en uno y otro sentido: de la tradicional crítica que mantenían los Hermanos Musulmanes a la alianza del régimen de Mubarak con Estados Unidos y luego de convencer al pueblo egipcio de tener la solución para todos sus males, sorprende hoy un claro acercamiento a Estados Unidos.
La plaza de Tahrir en El Cairo hace un año.
En la entrevista concedida a Radio Muqawama, el director palestino del AIC, Nassar Ibrahim, sociólogo, activista y analista político, brindó un enriquecedor panorama del levantamiento egipcio que tuvo lugar en enero de 2011, profundizando en las implicancias, desafíos y expectativas que ha tenido para el pueblo palestino.
Una precipitada lectura señalaría que el levantamiento egipcio se encuentra en total desconexión con la causa palestina. Sin embargo, convencido de que dicha causa se encuentra en el núcleo de todo cuestionamiento a los regímenes políticos del mundo árabe, el activista político remarcó que Palestina es parte incuestionable de la memoria colectiva del mundo árabe.
Considerado como el principal país árabe de la región, Egipto es percibido como el único posible respaldo ante los ojos del pueblo palestino. Seguida la explosión social de un año atrás en que el pueblo egipcio se levantó en contra del régimen de Hosni Mubarak, las expectativas eran crecientes y demandaban que el país árabe retomara su tradicional rol de líder panárabe, apoyando la causa palestina y enfrentando la presión política y ocupación israelí.
En contraposición con los deliberados esfuerzos de los medios occidentales de maquillar la protesta egipcia como un espontáneo levantamiento socio-juvenil sin mayores repercusiones -por temor a aceptar que un movimiento más radical pudiera amenazar el statu-quo de la política occidental en Medio Oriente-, el analista político destacó las profundas raíces histórico-políticas del movimiento de protesta egipcio. Vinculado a las luchas políticas, sociales y culturales de las últimas décadas en contra del régimen de Mubarak, el levantamiento se proponía resignificar el rol de Egipto y recuperar la dignidad adormecida de su pueblo.
Ante la popular creencia de que la revolución fue exitosa gracias a los triunfantes héroes Facebook y Twitter, Nassar Ibrahim remarcó que estas herramientas por sí solas son incapaces de provocar un levantamiento social similar. Por el contrario, la fuerza de movilización primaria nació de la más pura y honesta necesidad, necesidad de que se produzcan mejoras socio-económicas y políticas de una situación extrema que impedía a sus habitantes seguir viviendo así. El mérito que entonces deben llevarse las redes sociales es el de organización y difusión de aquel movimiento de protesta.
Volviendo la mirada a Palestina, vale interrogarse en qué medida los medios y redes sociales podrían contribuir a la movilización de un pueblo que se encuentra geográficamente dividido, especialmente entre Gaza y Cisjordania. Destacó el director del AIC: "La juventud palestina puede utilizar estas herramientas para generar más presión popular, social y política en los partidos políticos palestinos (...) para fines sociales y estratégicos: por ejemplo, en contra de los ataques de los colonos, para enfrentar la corrupción, promover la eficiencia del sistema de educación y salud, entre otros. Podemos usarlo para trascender los esfuerzos palestinos y vincularnos con los esfuerzos tanto internacionales como del mundo árabe". Pero para ello, señaló, se necesita un sólido liderazgo y una dirección que indique el norte, ya que cualquier movilización palestina, tarde o temprano, deberá enfrentarse con la ocupación israelí y tener asumido el costo que dicha confrontación implicaría.
En relación al reciente proceso de reconciliación entre Hamas y Fatah durante el año 2011, Egipto jugó un importante rol. Bien sabido es que durante el régimen de Mubarak, amparado en el paraguas de la política estadounidense, Egipto apoyaba a Mahmoud Abbas y la Autoridad Palestina, manteniendo sin embargo una contradictoria retórica de respaldo a la división política interna palestina.
En este sentido, si las negociaciones de reconciliación entre Hamas y Fatah no están finalizadas, y sufren tropiezos o demoras, vale interrogarse si Hamas no está acaso ganando tiempo. Pareciera estar a la espera de dos acontecimientos clave: la estabilización de Egipto y el desenlace de la confrontación en Siria.
Si los Hermanos Musulmanes se posicionan como el próximo líder del régimen egipcio, y si se derroca el régimen de Bashar Al Assad en Siria y asumen los Hermanos Musulmanes, la balanza se inclinaría a favor de Hamas. Los Hermanos Musulmanes gobernarían no sólo en Siria y Egipto, sino también en Túnez, Sudán, siendo la principal fuerza en Jordania y Palestina. De este modo, la reconciliación entre Hamas y Fatah tendría lugar bajo reglas de juego un tanto distintas. Y es, según Nassar Ibrahim, este cambio de piezas en el tablero las que pareciera estar esperando Hamas.
Pero Hamas no es el único que ha intuido un cambio en el escenario actual: la astucia de Estados Unidos lo ha conducido a mantener reuniones con los recientemente triunfantes Hermanos Musulmanes de Egipto. "De repente debemos olvidarnos de toda la propaganda islamofóbica", remarcó el sociólogo palestino. En aras de un tradicional pragmatismo, Estados Unidos se ha propuesto tender puentes de diálogo con los Hermanos Musulmanes.
De todos modos, el ciclo que abrió el levantamiento egipcio que tuvo lugar hace un año atrás derrocando el régimen político de Hosni Mubarak, aún no está concluido. De hecho, sería prematuro esbozar cualquier conclusión de cuán revolucionario ha sido el cambio, ya que los resultados de la llamada "Revolución Egipcia" podrán divisarse recién en algunos años.