Roger Cukierman, líder de la comunidad judía de Francia a principios del siglo 21, con orgullo relataba al periódico israelí Haaretz, la forma en que recomienda a Ariel Sharon como Israel debiera tratar las duras críticas internacionales por las masacres ocurridas en octubre del 2000 abriendo un nuevo frente: el frente del antisemitismo. Esto fue después de que el mundo se conmoviera luego de que el canal 2 de Francia mostrara las fotos del niño asesinado Mohammed al-Dura, en los brazos de su padre. El gobierno de Israel no tenía ninguna respuesta a las horribles fotos de la muerte de decenas de niños y jóvenes desarmados por francotiradores. Cukierman, le dijo a Ariel Sharon: "en lugar de tratar de salir con excusas poco convincentes, tendríamos que atacar un nuevo frente: el antisemitismo". Todo aquel que abra la boca en contra de los crímenes de Israel sería acusado de antisemita, y el éxito de esta estrategia superó todas las expectativas: los periodistas y los intelectuales se quedaron callados para no ser acusados de antisemitas, y aquel que se atreviera a expresarse se verá obligado a lidiar una guerra - incluso en los tribunales - con el fin de demostrar que no es antisemita, una terrible acusación en Europa, cincuenta años después de Auschwitz.
Parece que después de diez años y por el uso excesivo, esta arma ha perdido su eficacia, y esta siendo, poco a poco empujada hacia un costado. Sin embargo, esta misma e inaceptable conexión entre la crítica de la política israelí y el antisemitismo ha vuelto, incluso en las filas de un partido de izquierda con una historia de lucha por los derechos humanos y los trabajadores.
En primer lugar, vale aclarar un par de cuestiones relacionadas con el antisemitismo. El antisemitismo existe en Europa, aunque todas las encuestas indiquen que tiene un claro proceso de disminución en comparación con la década del 50, el antisemitismo es parte de la cultura europea y los fenómenos culturales no desaparecen en una o dos décadas.
En segundo lugar, este antisemitismo es blanco y cristiano y no lo que se denomina "antisemitismo musulmán" de residentes de origen árabe que viven en barrios periféricos de las grandes ciudades Europeas. En este contexto, las encuestas son inequívocas: las posiciones anti-judía en estos barrios suburbanos (grafiti, ataques a judíos) son un fenómeno relativamente marginal, sobre todo una reacción estúpida por parte de algunos contra los actos de Israel en el territorio palestino ocupado.
En tercer lugar, existe el antisemitismo -aunque minúsculo- en las filas de la izquierda y el movimiento de solidaridad con Palestina, como se señaló anteriormente, un fenómeno cultural no desaparece en abrir y cerrar de ojos, aunque generalizando, la izquierda si haya logrado achicar este fenómeno en sus sus filas.
Por último, como la crisis económica-social se profundiza en Europa, el racismo se levanta como lo hace la xenofobia.
Con esto, la confusión entre la crítica a Israel, incluyendo claras posiciones anti-sionistas y el antisemitismo, es una manipulación del lobby pro-israelí, el cual debe ser denunciado, también porque da lugar a un abaratamiento del antisemitismo. Qué triste es que los partidos de izquierda todavía caen en esta trampa, como ocurrió recientemente en Alemania. En una declaración política y por demás confusa, la dirección política de Die Linke utiliza el argumento del antisemitismo para justificar su evasión al movimiento de solidaridad con los palestinos, la campaña de boicot, desinversiones y sanciones a Israel, liderada por los palestinos, y la flotilla que se organizó contra el asedio israelí a la Franja de Gaza. Esta declaración es el resultado de una de dos cosas: o bien la dirección de Die Linke sufre de una locura política preocupante o es que pretende ser así, todos con el fin de desviar posibles críticas de los amigos de Israel, lo que también es tonto, porque un partido de izquierda nunca ganará la simpatía de Israel, ni si quiera cantando el himno nacional israelí antes de cada reunión ó ondeando la bandera de Israel en las manifestaciones.
La lucha contra el antisemitismo debe ser parte de la lucha que cada partido de izquierda debe librar, con cero compromiso contra el racismo dirigido hacia los trabajadores migrantes, los inmigrantes, la población de origen rumano y así sucesivamente. La solidaridad con el pueblo palestino es parte de la lucha anti-colonial a la que cada partido de izquierda está comprometido. Los dos campos se completan y se refuerzan mutuamente, y un vaciado de uno de estos conceptos hará lo propio con el segundo alejándolo de su justificación moral y la eficacia política.
Es conveniente que el liderazgo de Die Linke retirara su declaración, careciente de sabiduría política e integridad moral.
Traducido por el Centro de Información Alternativa (AIC), Jerusalén.
