Jueves 17 de Mayo, 2012
Michael Warschawski
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Michael Warschawski is an author, journalist and co-founder of the AIC and a well-known activist. In this blog "Mikado" shares his views and analyzes some press articles for a better understanding of the facts behind the headlines.

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La reconciliación palestina y los neoconservadores

Sábado 31 de Marzo de 2012 11:01 Michael Warschawski para el Centro de Información Alternativa (AIC)
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Cuando el gobierno egipcio anunció la firma del acuerdo político entre Fatah y Hamas, la reacción del Primer Ministro Israelí, Benjamín Netanyahu fue a la vez ridícula y predecible: "es la confirmación de que la Autoridad Palestina ha decidido abandonar el proceso de paz (sic). Esto es, o el proceso de paz o Hamas".
 

La Compañía Nacional Israelí de Danza Batsheva, otro frente del BDS

Viernes 23 de Marzo de 2012 17:54 Michael Warschawski, Alternative Information Center (AIC)
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La Compañía Nacional Israelí de Danza Batsheva, ha realizado recientemente una gira por Norteamérica, a lo largo de su recorrido se ha encontrado con actividades de protesta organizadas por partidarios de la defensa de los derechos del pueblo palestino. Algunos activistas expresaron su rechazo a boicotear a Batsheva argumentando que la cultura debe permanecer fuera del marco de las actividades del BDS (boicot, desinversión, sanciones).

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Activistas de Chicago, solidarios con Palestina hicieron oír sus voces el sábado, 17 de marzo, en la noche de la presentación de la compañía de danza israelí Batsheva, en el Teatro Auditorio de la Universidad de Roosevelt. Foto:USPCN


No se puede separar a las instituciones culturales israelíes de la política , y desde luego no se puede separar a Batsheva, que se presenta a menudo como el "embajador cultural israelí en todo el mundo". Sus actuaciones están organizadas y patrocinadas por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel y por lo tanto, debe ser identificada como representante oficial del Estado de Israel.


No hay nada sagrado en las actividades culturales o académicas que nos lleve a desligarlas de la política, sobretodo cuando están conectadas a las instituciones del Estado o a sus presupuestos. No hay nada malo en el boicot cultural en si mismo, y sólo el contexto en el que se dan dichas actividades culturales podrá legitimar, o no, la aplicación del boicot o de las sanciones. La compañía de Batsheva en su gira por Norteamérica entra sin duda alguna en la categoría de actividad cultural política ya que es parte de una iniciativa oficial israelí y como tal es un objetivo legítimo de la campaña de BDS.


Traducido por Tania León para el Centro de Información Alternativa (AIC), Jerusalén.

 

 

¡Peor que el apartheid!

Viernes 16 de Marzo de 2012 14:30 Michael Warschawsky (AIC)
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"One, two, three, four, Occupation no more, five, six, seven, eight Israel is an apartheid State! "

Tanto en Bil´in o en Sheikh Jara´h, en Silwan o en el check-point de Erez, los manifestantes anticolonialistas, palestinos o israelíes, han hecho de estas cuatro líneas uno de sus eslóganes preferidos. Como todas las consignas que se gritan en las manifestaciones, no hay que ver en ellas un análisis científico del régimen, igual que en "CRS-SS" no se quería decir que la policía de Marcellin [antiguo ministro del interior francés] era idéntica a los asesinos del Reichsfuhrer Heinrich Himmler. Es un grito, un grito de rabia y nada más.

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Nuestros compañeros sudafricanos nos han puesto en guardia siempre contra una utilización demasiado fácil de este concepto, e insistido en la especificidad de este sistema. Tomamos acta de su advertencia y añadimos pues unas comillas cuando utilizamos la palabra "apartheid" fuera de su contexto sudafricano. Dicho esto, el Tribunal Russel sobre Palestina celebra su próxima sesión en Cape (Africa del Sur) y ya sabemos que la dimensión "apartheid" estará en el corazón de las deliberaciones. No es pues algo sin interés, lejos de ello, analizar el sistema colonial teniendo en cuenta este concepto.


Filosofía de la separación

En neerlandés, "apartheid" significa separación, y en el corazón de este sistema se encuentra una filosofía política de la separación. Como proyecto político moderno (finales del siglo XIX) la filosofía de la separación nació con el despertar de los nacionalismos de los pueblos oprimidos por los grandes imperios (zarista, otomano, austrohúngaro) bajo la forma de la reivindicación de la autodeterminación nacional. Esta reivindicación significa el derecho de estos pueblos a la independencia y a la constitución de estados nación tan étnicamente homogéneos como sea posible. Esta aspiración a la homogeneidad ha estado siempre preñada de peligros de guerra de depuración étnica cuyo objetivo ha sido precisamente (y continúa siendo, como han demostrado trágicamente las guerras de los Balcanes) garantizar la homogeneidad étnico/nacional de las entidades políticas nuevas en construcción.


El sionismo es una corriente política que se constituyó, en Europa central, a finales del siglo XIX, y expresa los valores de su tiempo, dos en particular: el colonialismo y el estado nación.


El colonialismo es, entre otras cosas, un medio que permite resolver el problema de la opresión de una comunidad mediante la instalación de esta última en "tierras vírgenes". Es así por ejemplo como Francia envió a los alsacianos que no querían convertirse en alemanes, tras la derrota de 1870-71, a colonizar Argelia. Fue en este espíritu con el que Theodore Herzl se reunió, a principios del siglo XX, con los dueños del planeta para que le ofrecieran un territorio como refugio para los judíos oprimidos del imperio zarista, no excluyendo por otra parte ni Uganda ni Argentina. Siendo el objetivo de Herzl y de numerosos dirigentes sionistas de esa época, de hecho, no poner trabas a la asimilación de los judíos de Europa Central y Occidental por un aflujo de judíos sin papeles y "primitivos" huyendo de la pobreza y del antisemitismo de Europa del Este.


La homogeneidad étnico/nacional/confesional es el otro valor dominante de esa época sobre el que se funda el sionismo: como los checos y los griegos, los eslovenos y los polacos, los sionistas aspiran a crear una entidad tan demográficamente homogénea (judía) como sea posible. De hecho el sionismo reconoce, más o menos abiertamente, lo bien-fundado del antisemitismo que aspira a librarse de los "cuerpos extranjeros". En otras palabras es un movimiento de autodepuración étnica. El colonialismo sionista, en cuanto toma el control de un territorio, es para crear en él una entidad (Hogar Nacional, Yishuv luego estado) tan étnicamente homogéneo como sea posible. La lógica de separación (apartheid) está en el corazón del sionismo, y la expulsión de la población árabe autóctona es intrínseca al proyecto.


Incluso la derecha sionista más extrema preferirá siempre un territorio más pequeño con muchos menos autóctonos que un territorio más grande con una fuerte población árabe, y todo el debate político que atraviesa primero al movimiento sionista y luego al estado de Israel gira alrededor de la fórmula óptima entre máximo de territorio y mínimo de población árabe.


Para concluir este punto: si se considera la centralidad de la separación en la filosofía y la práctica sionistas, el concepto de apartheid está lejos de ser inoperante o de estar fuera de juego en el análisis de la política israelí, a condición sin embargo, como nos advierten los militantes sudafricanos y numerosos intelectuales palestinos (como recientemente, el director de la organización palestina de derechos humanos, Adala, Hassan Jabareen) de poner en evidencia las especificidades de este apartheid.


Colonialismo, limpieza étnica y apartheid

Si el apartheid está intrínsecamente ligado al colonialismo, este último solo raramente se funda en un sistema de apartheid. De hecho, hay varios meta modelos de colonialismo: el colonialismo genocida (las Américas, Australia), el colonialismo de explotación de los indígenas ("Hacer sudar al indígena" en Argelia), el colonialismo de importación-esclavismo (América del Norte), el colonialismo de depuración étnica, es decir de expulsión de la población autóctona (sionismo). Hay también modelos híbridos: la importación forzada de mano de obra (esclavismo) como continuación del exterminio de las poblaciones indígenas (modelo norteamericano).


En una lógica colonial a fin de cuentas bastante banal, el sistema de apartheid sudafricano no está basado en la expulsión de los negros y demás minorías raciales, sino en su explotación, pues el colonialismo es ante todo explotación, de los recursos y de la mano de obra indígena. "Hacer sudar al indígena" era el eslogan del colono blanco en Argelia, y si el colonialismo se acompaña a menudo de gigantescos desplazamientos de población (y de masacres), estos no son el corazón de su lógica.


El sionismo cuyo objetivo es la creación de un estado (demográficamente) judío, es decir con un mínimo de población no judía, es no solo un colonialismo de desposesión (lo que son todas las formas de colonialismo) sino sobre todo un colonialismo de expulsión, de depuración étnica. Es esta su especificidad y su modus operandi.


Cuando ciertos defensores palestinos de los derechos humanos dicen "peor que el apartheid" ponen el dedo en el hecho de que el sionismo es un colonialismo de expulsión, de limpieza étnica con el objetivo de permitir la puesta en pie de un estado-nación, de un estado judío. En este sentido es efectivamente peor que el apartheid que no implica en general el desenraizamiento, el exilio.


Es cualquier caso es importante señalar que la Convención de la ONU contra el apartheid da una definición muy amplia de este crimen, que va bastante más allá de las características del régimen que estaba en vigor en África del Sur. En este sentido, peor o no que el apartheid, el régimen israelí tiene muchísimas cuentas que rendir, desde el punto de vista del derecho internacional, por crímenes de apartheid tal como están definidos por la Comunidad Internacional. El estado de Israel es culpable de numerosos crímenes inscritos en la Convención internacional sobre la eliminación y la represión del crimen de apartheid de 1973, lo que, en sí, podría ser suficiente para cerrar el debate.


Subrayemos dos de ellos. Primeramente, la discriminación estructural de la que es víctima la minoría palestina de Israel (los palestinos de 1948, como se definen ellos hoy). En su autodefinición, el estado de Israel, es discriminatorio entre las comunidades: como estado judío (y democrático), implica un estatuto particular y privilegiado para la comunidad judía en relación a todas las demás, y en primer lugar, la minoría árabe autóctona. Pero no es evidentemente solo una cuestión de definición: hay leyes votadas e instituciones paragubernamentales (Agencia Judía, Fondo Nacional Judío/KKL) constituidas para garantizar esos privilegios, comenzando por la Ley del Retorno que concede la nacionalidad israelí a cualquiera que la pida... a condición de que sea judío. Simultáneamente, millones de autóctonos y sus hijos están condenados al exilio y negados en su derecho a volver a su país porque, por diversas razones, se encontraron fuera de las fronteras de lo que fue nombrado estado de Israel, muchos de ellos sencillamente expulsados por las fuerzas armadas sionistas. Finalmente, una larga serie de leyes (en particular referidas a la posesión de la tierra), de decretos y de planes gubernamentales son decididas con el único objetivo de "judaizar" regiones no suficientemente depuradas.


Todas estas prácticas de discriminación en favor de los judíos son explícitamente denunciadas por la Convención Internacional para la Eliminación del Apartheid.


Bantustanización

Otro aspecto del régimen sionista que tiene resonancias con el apartheid es la política de "cantonización" (el concepto es de Ariel Sharon) de los territorios palestinos ocupados en junio de 1967. Esta política consiste en formar entidades palestinas autónomas y autogestionadas, igual que los bantustanes de África del Sur. Estos últimos, considerados por los dirigentes de Pretoria como verdaderos estados, tenían su propio gobierno (a menudo un rey) y gozaban de una amplia autonomía administrativa. Pero su existencia, sus fronteras y sus poderes estaban enteramente definidos por el poder central de África del Sur, el poder blanco de Pretoria. Los bantustanes estaban dotados de una independencia ficticia, totalmente controlada por el régimen de apartheid.


En gran medida, el proyecto de Oslo intentaba crear bantustanes palestinos: autogestionados por una "Autoridad Palestina", los "territorios autónomos palestinos" seguían siendo enteramente dependientes de las decisiones de la administración militar israelí, incluyendo su existencia, como lo demuestra a contrario la Operación Muralla (año 2002), cuyo objetivo era precisamente poner fin a su existencia y desmantelar la Autoridad Palestina reemplazándola por una vuelta de la administración militar israelí directa.


Israel no es África del Sur y su régimen colonial tiene -desgraciadamente, dirían con cierta dosis de cinismo algunos militantes palestinos- muchas diferencias con el antiguo régimen de Pretoria. Dicho esto, en lo que se refiere a numerosos aspectos del sionismo realmente existente, la utilización del concepto de apartheid está lejos de ser una extrapolación sin fundamento, en particular en lo que concierne a las violaciones de la Convención internacional sobre la eliminación y la represión del crimen del apartheid y las sanciones que de ella se derivan. Continuemos debatiendo sobre lo bien fundado o no de la utilización del concepto de apartheid para describir el colonialismo sionista, en los Territorios Ocupados y en las fronteras del estado de Israel, pero cualquiera que sea el punto de vista de cada cual, podemos, debemos juntos apelar a la Convención Internacional contra el Apartheid para reforzar la campaña Boicot-Desinversiones-Sanciones (BDS) y exigir que el régimen israelí sea sancionado por los innumerables ataques a dicha Convención. Como se supo hacer con eficacia en el caso de África del Sur, en la época del apartheid.

 


* Esta ha sido publicada en Gorripidea.

Centro de Información Alternativa (AIC), Jerusalén.

 

 

Israel y la guerra civil siria

Sábado 25 de Febrero de 2012 18:25 Michael Warschawski para el Centro de Información Alternativa (AIC)
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Tras un año de movilizaciones masivas y represión sangrienta, Siria se encuentra al borde de una guerra civil. Por un lado, Bachar el-Assad es incapaz de restaurar la ley y el orden a través del aplastamiento de la resistencia popular, pero por el otro, el movimiento popular carece de liderazgo y organización para ganar la batalla. Es más: el régimen de Bachar tiene su base social, especialmente entre la clase media-alta de Damasco, y las minorías étnicas y confesionales, como los cristianos, los alauitas y otros. Como resultado, uno es testigo de una situación de doble poder y continua confrontación militar y derramamiento de sangre.
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¿Cómo reacciona Israel frente a la crisis de Siria? Sorprendentemente, el equipo de Netanyahu y Barak mantiene un perfil bajo, por razones obvias. Por un lado, entienden que la desestabilización de Siria ha sido un objetivo importante de la nueva estrategia de los Neo-conservadores de Oriente Medio: durante décadas, Siria ha sido un factor importante en la resistencia a la hegemonía de Estados Unidos y al régimen colonial israelí. La caída del régimen de Bachar y su sustitución por fuerzas políticas pro-Estados Unidos será una victoria para el campo imperialista y el Estado de Israel.

Por otro lado, sin embargo, Siria ha sido un factor de estabilidad regional, y la frontera con Siria ha sido, para Israel, la más calma en las últimas tres décadas, a pesar de la continua ocupación del Golán sirio. ¿Quién va a sustituir a la familia Assad? ¿Los Hermanos Musulmanes? ¿Los Salafistas? ¿el Caos? A menos que estén planeando una guerra, los estados prefieren estabilidad, e Israel no es una excepción. A menos que Ehud Barak persiga sus planes insensatos contra Irán, y decida atacar a Siria, entonces Israel atacará a Irán representativamente sin correr el riesgo de una represalia importante de Teherán.

En este momento, la administración estadounidense ha dejado claro que un ataque contra Siria no servirá a sus intereses en la región, pero el equipo "Rambo" que lidera al Estado judío puede muy bien ignorar las advertencias de Washington y utilizar el caos en Siria para lanzar una ofensiva militar. Si bien debemos indudablemente oponernos a la desmoronada dictadura de la familia Assad, una agresión militar debe ubicarnos, de manera inequívoca, en el lado de Siria.

Traducido por Luz Welles para el Centro de Información Alternativa (AIC), Jerusalén.
 


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