Hartas de gobernantes corruptos, ineficientes y totalitarios que aprovechan la riqueza de sus países para satisfacer sus intereses particulares, mujeres tunecinas, libias y egipcias tomaron las calles exigiendo democracia. Tras un año de levantamientos, luchas y dolores comienzan a instaurarse procesos de democratización en algunos países de la región, en lo que parece el comienzo de una reestructuración social con tintes esperanzadores en lo que se refiere a los derechos de las mujeres. ¿O tal vez no?

Foto: EFE, Mohammed Omar.
¿Cuál va a ser el rol de las mujeres en la reconstrucción de estos países? Ninguno. Una vez más, la revolución traicionará a las mujeres, a esas mismas mujeres que salieron a las calles, lucharon y exigieron una sociedad más justa. Y no nos dejemos engañar por falsos guiños a la igualdad por parte de los partidos políticos por el hecho de incluir en sus listas un par de nombres femeninos, y preguntémonos qué influencia tendrán este par de nombres en los procesos de toma de decisiones. Y es que al final la política –como las revoluciones- es cosa de hombres y los asientos en las esferas de poder están a priori reservados para aquellos que participaron en la revolución exigiendo justicia, democracia y libertad. De nuevo se invisibilizará a las mujeres y los nietos y nietas de aquellas que participaron en la revolución exigiendo la misma justicia, democracia y libertad se mostrarán incrédulos cuando su abuela les describa como fue apaleada en Tahrir en el año 2011. ¿O tal vez no?
La máquina de la lucha por la igualdad y la justicia social ya se ha puesto en marcha. Estas mismas mujeres que se organizaron y salieron a la calle en defensa de sus derechos como ciudadanas, no van a volver a las cocinas como si nada hubiera pasado. Estas mujeres han experimentado el poder de generar cambios en sus sociedades, de derrocar gobiernos totalitarios y de exigir que sus voces se oigan. Si bien es cierto que el triunfo de partidos islámicos(*) va a tener consecuencias negativas en lo que concierne a la promoción y defensa de los derechos de las mujeres, esto no va a ser óbice para que las mujeres sigamos luchando por lo que es nuestro, por lo que por derecho nos pertenece. La única diferencia es que esta vez lo haremos con más fuerza y en nuestra propia primavera.
(*) La democracia, llámese democracia cristiana, islámica o judía, jamás puede ir de la mano de la religión, de cualquier religión, en tanto en cuanto limita el ejercicio pleno de la propia democracia, ya que la religión, de nuevo, cualquier religión, creada o interpretada por los hombres, sirve y ha servido a lo largo de los tiempos como mecanismo de opresión y control sobre las mujeres.
